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LUIS DEL VAL
León

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EN EL nuevo proyecto de Ley sobre la vivienda, se apunta la posibilidad de expropiar los pisos de aquellos propietarios que no lo alquilen. Se basa este intervencionismo insólito en que la vivienda debe tener una función social. Nuestros políticos no paran de hablar del libre mercado por las mañanas, y de ponerle cercas, vallas y grilletes, por las tardes, porque están convencidos de que el mercado son ellos, como Flaubert era Madame Bovary. No sólo los pisos, tienen una función social. También tiene una función social la comida. Y hay gente que tiene dos jamones en su casa, incluso tres, y, a lo peor, son dos de familia, o tres, y uno de los jamones casi seguro que se les va a secar. ¿Propondrá el ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación una ley de expropiación de jamones? El vestido, también tiene una función social. Lo primero que hacen los menesterosos es acudir a la parroquia para vestirse con cierta decencia gracias a las prendas que, voluntariamente, han dejado los fieles. Voluntariamente. Sin embargo, hay ciudadanos que tienen tres y cuatro abrigos, incluso cinco. Alguno de esos abrigos ni se lo ponen nunca, ni se lo dan a los pobres, ni lo alquilan. Es un abrigo que no cumple ninguna función social, colgado en un armario, un abrigo infructuoso y sin provecho. ¿Se creará una ley de expropiación de abrigos? Y los automóviles que duermen en los garajes o en las calles, sin moverse nunca, mostrando su inoperancia improductiva, ¿podrán ser expropiados? A los dieciséis años de la caída del Muro de Berlín, en pleno apogeo del mercado libre, por fin, las autoridades nos dirán lo que podemos comprar con nuestro dinero y lo que no, y, una vez comprado, lo que debemos vender y lo que no. Eso sí, cada vez que compremos o vendamos pagaremos el IVA y los impuestos correspondientes. Y todo por nuestro bien, por ese deseo de hacernos felices que no cesa nunca, y para alumbrar nuestra falta de discernimiento.

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