Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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ESOS ÁRBOLES de aire formal y antiguo, repintados últimamente con el verdor que produce el milagro de la naturaleza recién lavada, forman parte principal en el paisaje anímico de una capital tan presumida y coqueta como León. Orgullosos de sus viejas raíces, conforman un ajardinado patio de vecindad incluido, por muchas y valiosas razones medioambientales, en los archivos más insondables de la ciudad. Según los entendidos en el tema, no existe un detector de imbecilidades más infalible que la enciclopedia de bajezas con que obsequiamos a los animales o a esos seres vivos que son los árboles, amenazados en León por un tratamiento a base de garrotazo y tentetieso. Pero la avaricia recaudatoria mola y por ello se está preparando desde el Ayuntamiento una ruidosa puesta en escena, diseñada a machacante golpe de taladro, que tomará forma en los sucesivos aparcamientos subterráneos de las plazas de la Inmaculada y de las Cortes. La tradicional chapuza hispana llevaría consigo un arboricidio en toda regla, puro vilipendio ecológico realizado en nombre del progreso y los negocios. A efectos estéticos tan sólo debemos fijarnos en la pobre estampa que le ha quedado a la histórica Plaza Mayor, cuyo aspecto actual recuerda desgraciadamente al trasero pelado de esos monos que hacen carantoñas en los zoos. Se trataría, en definitiva, de dar otro mordisco en la gran manzana pública, notorio desaguisado urbanístico que hará desaparecer en combate a los árboles más céntricos y venerables de León. Algunos arquitectos, en fin, hacen más daño a las ciudades que un bombardeo de la aviación enemiga.

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