EL BALCÓN DEL PUEBLO
Huelga minera
LOS MINEROS se han echado a la calle. Movilizados por los dos sindicatos mayoritarios, ayer escenificaron la primera jornada de huelga. Un día de protesta civilizada, con ruido, eso sí, que por algo tienen como patrona a una santa dinamitera, Bárbara. Dentro de un mes justo lo celebrarán. Ayer cortaron autovías y carreteras, hicieron sonar petardos y consignas, pero no hubo que registrar incidentes de calado. Sólo los lógicos trastornos. Hoy harán lo mismo, y si nadie lo remedia, prorrogarán sus protestas tres días más de la semana próxima. Quizá me falte información para un ajuste preciso del conflicto. No acabo de medir con exactitud el desencuentro. Según las informaciones que me llegan, el Ministerio de Industria y los sindicatos están de acuerdo en lo esencial: en fijar la producción de carbón en alrededor de nueve millones y medio de toneladas al año. Era también la demanda empresarial aglutinada en Carbunión. Me aseguran que, igualmente, existe gran cercanía de posturas en cuanto a los fondos para la industrialización de los ayuntamientos mineros. Unos ayuntamientos que no han dudado en la solidaridad social con los trabajadores. No podía ser de otra manera. ¿Acaso puede uno imaginar, por ejemplo, al corregidor de Igüeña, Laudino García; o al de Fabero, Demetrio Alfonso; o al de Villablino, Guillermo Murias, aliados con el Ministerio, y no levantando la pancarta de las reivindicaciones sociales?. ¿Dónde radica, pues, el cuerpo de la discrepancia? ¿Qué separa a la Administración y a los sindicatos para romper la negociación del Plan del Carbón y llegar a la huelga general en el sector?. Por lo visto, el desencuentro se centra en esta dualidad: la parte social defiende contra viento y marea que las ayudas deben estar ligadas al empleo y a la actividad. El Ministerio de Industria, por contra, las liga a la producción. Así lo exige la normativa europea. O sea: que la subvención sea a la tonelada producida y no al puesto de trabajo. Con ser este uno de los ejes que chirrían en la negociación, existe otro que aún suelta más virutas. La mayor discrepancia parece residir en las prejubilaciones. El Ministerio propone que sea a los 54 años de «edad química». Es la jerga que emplean los sindicatos y patronos mineros. La «edad química» equivale a la edad real del trabajador más un coeficiente por año trabajado, según las distintas categorías. El Ministerio no quiere pasar por el aro. Pone como condición que el prejubilado no tenga una edad física, o sea, real, inferior a los 45 años. Este tope no lo aceptan los sindicatos. Parece el principal punto de disidencia. Un punto que explica la huelga y el pulso que están manteniendo el Ministerio de Industria y los sindicatos UGT y CC.OO. Sin entrar en otros detalles, creo que esta es la clave. En lo esencial están de acuerdo y las discrepancias son por flecos que no afectan a lo esencial del Plan del Carbón para los próximos años. Así es, tal y como me lo han transmitido los responsables sindicales con los que he hablado. O así llegué a esta conclusión.