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ANTONIO CASADO
León

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A ZAPATERO le puede ocurrir con la minería del carbón lo que le ocurrió con el Estatut, preso de sus palabras por anunciar que apoyaría cualquier texto que le enviase el Parlamento de Cataluña. Estamos atentos a la pantalla porque el anuncio de una sentada negociadora de los huelguistas con el Gobierno, hoy por la mañana, permite confiar en la desconvocatoria de las movilizaciones previstas para mañana y pasado. Sería un alivio para los ciudadanos que, sobre todo en Asturias y León, han sufrido cortes de carreteras durante las dos últimas jornadas de huelga. Pero no da más razón a los mineros. La minería del carbón, cuyo futuro está muy vinculada al mantenimiento e incluso la expansión de las actuales centrales térmicas, es un sector fuertemente subvencionado con dinero público. Lo seguirá siendo, aunque es lógica la tensión entre los sindicatos y quienes tienen la llave de las arcas públicas a la hora de establecer los nuevos niveles de protección de cara al periodo 2006-2012. Una gestión pública estrictamente ceñida a las leyes del mercado habría dado lugar a una minería del carbón de nula o muy escasa presencia en la economía española. Se decidió evitarlo en su momento, aún con drásticos procesos de reconversión. En estos momentos, con una producción anual de 10,5 de toneladas (que el Gobierno quiere reducir a 9,2 y los sindicatos a 10,2) son 8.694 los trabajadores que dependen de una generosa cobertura de subvenciones de origen nacional y europeo. Para hacernos una idea baste saber que con los 1.309 millones de euros que la minería recibió en subvenciones durante el año 2004 se hubieran podido pagar 160.000 pensiones de jubilación. Que los 1.364 millones de euros de subvención presupuestada para el presente ejercicio de 2005 supone multiplicar por nueve los 156 millones que se dedican al fomento del turismo. O que los 842 millones destinados para el 2006 (según el plan del Gobierno, impugnado por los sindicatos) es como multiplicar por diez la cantidad presupuestada para el fomento de las energías renovables, entre las que no está, por supuesto, el carbón.

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