Diario de León
Publicado por
FEDERICO ABASCAL
León

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SE CUMPLIERON AYER treinta años de la muerte del general Franco Bahamonde, y a lo largo de ese tiempo se ha intentado mantener su figura al margen de la actualidad política, como si se estuviera cumpliendo un pacto de silencio y olvido. Al margen de los sondeos que reflejan las opiniones actuales de los españoles sobre Franco, basta sostener relaciones laborales interclasistas para comprobar una viva nostalgia del dictador en núcleos sociales de conservadurismo duro; el rechazo envuelto en displicencia de una mayoría de ciudadanos, y la ignorancia de amplios sectores de la juventud, que hablan más bien de oídas y sin criterio propio. Hay, pues, franquismo residual, más bien emotivo y de cierta agresividad verbal; repudio mayoritario, y desconocimiento juvenil. A veces la enseñanza de la Historia reciente hace temblar la voz de quien la explica o empavona la conciencia de quien la oculta. Hay ahora mucha conciencia empavonada, tal vez por el desorden lectivo en las escuelas. Mientras los asesinados durante la guerra civil en la zona republicana recibieron honras fúnebres y ensalzamientos públicos, con sus nombres cincelados en lápidas a la puerta de la iglesias, al ser caídos por Dios y por España, el menor intento de abrir una fosa de fusilados por el bando vencedor se interpreta desde la franja conservadora, y no sólo desde la ultraderecha, como un intento de encender la mecha del recuerdo, que es la negación del olvido y plantea situaciones de peligroso enfrentamiento civil. Habrá que hacer algún día, pronto mejor que tarde, un juicio a la dictadura franquista desde nuestra consolidada democracia, y así las nuevas generaciones podrán enterarse de los errores cometidos por sus bisabuelos, para no repetirlos. Y para que no se repitan ahora, cuando algunos medios de comunicación de estampilla democrática y voces autorizadas de la derecha hablan de Franco como si este general en cierto modo inmisericorde necesitase ver restaurado no ya su prestigio como militar y gobernante, sino su exquisitez moral, que le habría dictado la mayor represión sangrienta de la historia española. Los periodistas no debieran olvidar, o debieran aprender, el tratamiento que daba la dictadura a la libertad de prensa, negándola obviamente, por lo que cualquier intento de ennoblecer el franquismo cuando no toleró jamás una propuesta democrática, parece un ejercicio de hipocresía y de cinismo irresponsable. Franco desapareció de la escena hace treinta años, y el gobierno de Arias Navarro se encargó de que su desaparición fuera para siempre, al demostrar en unos meses que el franquismo sin Franco era inviable. 1397124194

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