León

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SOSA WAGNER publicaba el domingo en este periódico un excelente artículo sobre la capacidad de los dos grandes partidos mayoritarios alemanes para haber alcanzado un acuerdo que garantice la gobernabilidad. Al parecer, allí por el bien del país es posible un pacto entre contrarios; aquí, no. Nosotros, antes muertos que sencillos. Pero me niego a creer que el maniqueísmo lo inventase un español. Le preguntaría a ciertos políticos, y no pienso únicamente en un partido ¿de verdad os creéis vuestras propias declaraciones y conseguís dormir después de haberlas propagado? Algunos han olvidado que entre los más sagrados deberes de un  político figura la ejemplaridad. ¿Y cabe mayor ejemplaridad que ser moderado en tiempos crispados? A mí no me gusta el Estatut, ni los nacionalismos, ni Maragall, ni Carod Rovira... personajes que considero nefastos, pero llegados a la actual situación,  espero de todos, les haya votado o no, que mantengan viva nuestra convicción en que el diálogo es la solución a los retos colectivos. Es decir, cuanto más grave sea el problema, más serenidad y  respeto. Es difícil, pero les pagamos por ello. Como tantos ciudadanos, no divido a la clase política entre afines y enemigos, pues no hay una única verdad, sino verdades. Me niego a creer que somos un pueblo maniqueo, que no podemos ir más allá de nuestras diferencias. No quiero odiar, ni que mi país odie, ni siquiera a quienes pudiesen odiarnos. Y sí, exijo que los políticos me recuerden cada día, con su ejemplo, que la serenidad y el respeto son la base de nuestra democracia.

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