AL TRASLUZ
Mágica presencia
EL AÑO pasado por estas fechas escribí una columna en la que argumentaba que, a mi entender, más misterioso que el amor de los padres por sus hijos que aún creen en los Reyes es el amor de los hijos adultos por sus progenitores. Por extrañas circunstancias el artículo llegó a manos de mi padre, en Alicante, a quien nunca le había remitido o dado a leer ninguna de mis columnas. Pocas semanas después, falleció y cuando entré en su casa vi que la tenía enmarcada. Y ahora me pregunto ¿eso que llamamos azar es sólo eso o, quizá, el fluir de un río invisible que conecta nuestra existencia con la de los nuestros mayores? Hay muchas formas de interpretar el mundo, pero no todas te dignifican como ser humano. Sí, más misterioso que el amor de los padres por sus hijos cuando aún creen en los Reyes, es el amor de los hijos adultos por sus padres, en esa sagrada etapa final. Aquellos con quienes convives o rivalizas, también tuvieron una infancia y hoy en algún lugar de su interior sigue viva, como un guía secreto o una antorcha cuya llama nada puede extinguir. No importa el idioma, la raza o la nómina, este ancestral sentimiento nos hermana. El adulto que tiene en estas fechas a sus padres junto a él sentirá que no hay mejor regalo que su mágica presencia. Y quien los ha perdido, aunque quizá perder no sea la palabra, percibirá la corriente del río invisible que conecta su vida con la de ellos. Porque, en efecto, hay muchas formas de interpretar la verdad, la poliédrica y misteriosa verdad, ... pero no todas te dignifican. Felices días, lector.