PANORAMA
¿Feliz? año nuevo
¿SERÁ feliz, de verdad, el año nuevo? ¿Y qué es la felicidad? Todo depende de donde situemos cada uno nuestra esperanza, de dónde pongamos nuestras aspiraciones para 2006, de cuáles sean nuestros objetivos. Y, además, la felicidad es un estado de ánimo, subjetiva por tanto, y, siempre, diferente. ¿Se puede ser feliz todo el año? Eso es pedir demasiado, incluso para el alicaído presidente del Gobierno. Entramos en la segunda parte de la legislatura, es decir que ya toca hacer campaña, y quienes entienden de esto dicen que lo que no se ha hecho ya, queda para el apartado de las promesas electorales. Pero la economía es una asignatura que hay que aprobar cada día para que no te suspendan unos meses después. Y los analistas -que no son como Rappel, aunque el índice de aciertos de algunos sea parecido- , señalan que son innumerables los obstáculos: el precio del petróleo, que no va a bajar sino todo lo contrario; la revolución y reordenación del sector energético; la pérdida de fondos comunitarios que han servido para levantar España en estos treinta últimos años; una reforma laboral empantanada y que puede levantar a los dormidos sindicatos; una inflación desbocada y un déficit exterior amenazante y desbordado; una productividad que sigue lejos de lo necesario... Vamos a seguir creciendo, pero las incertidumbres son mayores que las certezas. En política, el presidente tiene una ventaja: es un optimista cósmico y eso, a veces, lleva al éxtasis. Ni el Estatuto catalán, ni la oposición del PP, ni Carod ni Más, nada puede con Rubalcaba-Moraleda. Es cierto que también se puede morir de éxtasis, pero volviendo al principio, yo le recomendaría al presidente que imite al rey de Bután que anunció a su nación «el objetivo de la felicidad nacional». Si Zapatero nos propone eso, reúne a Bono y Moratinos, les pide que salgan urbi et orbe a predicar, y lanza a Llamazares y Bargalló a la batalla con el único enemigo, Rajoy estará perdido y, tal vez, los problemas desaparezcan y todos seamos felices. ¡Qué más podemos pedir!