Diario de León
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ANTONIO NÚÑEZ
León

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NO SERÉ yo, recluta raso del primer reemplazo del 77 muy a mi pesar, quien rompa una lanza en favor del teniente general Mena, al que el ministro Bono ha metido un paquete -tampoco tanto- por criticar el Estatut. Mena es un general con sable y bastón cruzados, tres estrellas de cuatro puntas y que en la arterioescleriotizada jerarquía militar sólo tiene por encima al Rey, con cuatro estrellas y único capitán general. La quinta de un servidor puede coincidir con el tal Mena en lo del Estatut y el Plan Ibarretxe o en que las marrullerías de Zapatero están dejando con el culo al aire a la Constitución. Y seguramente también en algunas cosas más que no sería prudente pregonar (él) o publicar (yo). Pero de ahí a que un funcionario como Mena ordene y mande a los demás lo que debe hacerse o no va un abismo. Por mucha chatarra que cuelgue en la pechera -ojo al cinto y a los tanques oxidados de Tejero y Miláns del Boch- en democracia manda la tropa. Y pare usted de contar, mi general. En los setenta te acarreaban a la mili, te comían el tarro durante año y pico y, al final, volvías a casa con una cartilla -la blanca - donde por todo curriculum bélico ponía: «valor, se le supone». Natural, poque estábamos acojonados. Luego, y ya paisano, pensé montar una fábrica de boinas cuadradas de uso militar para hacerme rico. Brindo ahora la patente a Mena y Zapatero, que podrían abrir, por lo menos dos más: una de barretinas y otra de txapelas. Y rematar el año cuadrando el fuelle de la gaita gallega. Para forrarse en la vida civil los tres.

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