AL TRASLUZ
Diálogo
MICHELLE Bachelet presidirá el Gobierno de Chile. Hay un dato en su biografía de especial importancia: es hija de un general torturado y ejecutado durante la dictadura. La semana pasada recordábamos la ejemplaridad del perdón personal, compatible con la aplicación de la justicia de los tribunales, en el caso del Papa hacia Ali Agca. En los datos que nos llegan de agencia sobre esta socialista se destaca su laicismo. Si nos atenemos a su rostro, tiene una expresión de buena persona, y sus primeros mensajes han sido a favor del consenso y de gobernar para todos el país. Creyente o no en una vida más allá de la muerte, seguro de que durante años se ha sentido guiada por su padre, y que ayer, más allá de la satisfacción por la victoria y del estruendo de los aplausos, la memoria se tornó luz. Como dice una canción de Kris Kristofferson: Aquí estoy preguntándome qué habría hecho mi padre/ al ver cómo han dado la vuelta a su sueño/ y me parece estar escuchándole decirme/ di siempre la verdad, mantente firme y no dejes que los malvados te derrumben /. El siglo XX no podía mirarse al espejo sin sentir vergüenza, no hace falta ser historiador para saberlo. Ahora está de moda desdeñar nuestra transición, considerarla mera claudicación, pero, sin negar que quedaron cuentas pendientes y heridas por reparar, es obvio que nos sirvió para forjar un camino común y una democracia, con defectos pero real. Bachalet tiene un gran reto ante sí, pero ninguno lo será tanto como ser digna hija de su padre. Se crea o no en Dios, se crea o no en la existencia de vida después de la muerte, en nuestro interior siempre hay un paraíso perdido. Y un diálogo con quienes ya no están. Es tan misterioso el corazón humano...