TRIBUNA
Violencia contra todos
Como MUJER estoy especialmente s ensibilizada con la violencia en cualquiera de sus formas. Utilizando la violencia física y la simbólica se nos ha mantenido a las mujeres encerradas en casa y alejadas de la vida social, cultural y política. Aún hoy existe, como bien sabemos, violencia contra las mujeres aunque, a diferencia de otras épocas, se encuentra arrinconada en el estado de derecho y por la reivindicación de las libertades y derechos humanos también para las mujeres. Cuando supe por primera vez el caso de las viñetas sobre mahoma, inmediatamente me resultó familiar ese tipo de violencia dirigida directamente a constreñir los derechos fundamentales de las personas. En este caso el de la libertad de expresión. Voy a analizar de manera sucinta el caso tal y como lo veo y voy a explicar también por qué lo veo comparable, en sus métodos represivos con la violencia que sufrimos las mujeres. Lo primero es que esa violencia ejercida contra los periodistas y periódicos que han publicado las famosas viñetas, (que de otro modo hubiera pasado inadvertidas) trata de coartar un derecho fundamental a un sector de la población, el de los medios de comunicación. En el caso de la violencia ejercida contra las mujeres se hace para ejercer dominio sobre ellas con el fin de controlarlas. Lo mismo que se quiere hacer con la prensa en éste caso. En segundo lugar, para ello se utiliza la violencia más expresa a base de amenazas, extorsión y coacción directa sobre las personas, objetos y símbolos pertenecientes a la población no islámica. Esto también lo vivimos las mujeres en todas las modalidades violencia física directa, violencia simbólica a través de las limitaciones «morales», desprecio e instrumentalización de la imagen de la mujer, etcétera. En tercer lugar, las razones que esgrimen los islamistas para justificar su violencia es la de la falta de respeto a sus creencias en la forma esta vez de unas viñetas sobre Mahoma. No consideran que la falta de respeto a nuestras creencias la ejercen continuamente a través del desprecio a nuestra forma de vivir y a nuestros principios, de los que hacen escarnio público no solo en sus países, sino también en los nuestros dónde gracias a esos principios que ahora no les gusta, pueden expresarse libremente contra nuestra cultura. A ese respecto, las mujeres durante siglos no hemos podido expresarnos públicamente aduciéndose para ello todo tipo de justificaciones desde las ético-filosóficas, a las biológicas y lo último, las de carácter económico. Lo mismo que los radicales islamistas tienen todo el derecho de expresar sus disensiones con nuestra forma de vivir, nosotros tenemos todo el derecho a expresar libremente lo que no nos gusta de su forma de vida. Exactamente el mismo derecho sin tener que esperar como consecuencia reacciones represivas y violentas con el fin de inhibir nuestros derechos. Por expresarlo a través de unas viñetas que cuentan además con el suavizante factor del humor, a una crítica que merecería mucha más dureza, se inicia una campaña, perfectamente concertada, para atemorizar a través de la violencia a nuestra sociedad de derechos y libertades que nos ha costado quinientos años de luchas y sangre conseguirla. Estos violentos son radicales, y por tanto no me sorprende tanto su irracional reacción como la de los políticos de los países afectados haciendo llamadas a la prudencia y a la consideración de la supuesta herida en su orgullo sentida por los radicales islamistas. Es una reacción cobarde que no defiende nuestros derechos y libertades por lo menos tan sagrados para nosotros como para los radicales islamistas la figura de Mahoma. Con la expulsión del director del France Soir que tuvo el coraje de publicar las viñetas en solidaridad con sus compañeros daneses, los políticos de turno muestran un grado de complacencia ante el chantaje, que nos hace temer que no estarán a la altura que vamos a necesitar ante el mundo que nos espera. También me llama la atención que ante este atentado contra las libertades no se haya promovido un levantamiento de toda la prensa occidental solidarizándose en primer lugar con los compañeros amenazados y en segundo lugar como protesta contundente contra la expulsión del director del France Soir . La cuitada y prudente respuesta, la comparo con la complacencia con la que se suele contemplar la violencia contra las mujeres que sólo después de intensas luchas y campañas de concienciación pública comienza ahora a castigarse en las leyes. A los medios de comunicación en general y a sus profesionales en particular, como mujer concienciada con el problema estructural de la violencia contra las mujeres, les quiero avisar del peligro que comporta plegarse ante la violencia inhibidora contra nuestras sagradas libertades en nombre de la intolerancia radical islamista. Hoy es de signo islamista pero mañana. puede serlo en nombre de cualquier otra cuestión que los amedrentados políticos que dicen representarnos consideren oportuno para seguir conservando el enorme estatus que con el sistema político democrático han conseguido. A nadie se le ha ocurrido hacer un llamamiento militante a favor de nuestros derechos, por ejemplo que todos y cada uno de los periódicos de España y de Europa publiquen las renombradas viñetas. Para esta causa no se utiliza papel ni ríos de tinta, como frecuentemente por razones mucho menos importantes suele hacerse. La falta de contestación de hoy ante un atentado tan flagrante a nuestros derechos es la semilla para que mañana nos podamos mostrar indiferentes y permitamos la destrucción de la conquista más apreciada de nuestra cultura, el estado de derecho y de las libertades.