LA VELETA
Viajero ilustrado
TAN SÓLO Europa posee tanta concentración de cultura e historia por metro cuadrado. Permanecen la memoria del Holocausto y del «gulag», de las mil guerras, al mismo tiempo que todo paisaje tuvo su pintor, en un horizonte de catedrales y palacios de una magnificencia y abundancia insólitas en cualquier otro lugar del mundo. Para este año, el menú europeo presenta tres platos exquisitos: los 400 años de Rembrandt, los 100 de Cézanne y 250 de Mozart. Rembrandt retrató la personalidad humana con la profundidad de Cervantes o Shakespeare, Cézanne se apostó frente a una vieja montaña de Aix-en-Provence para descomponer sus volúmenes y cambiar nuestra mirada, Mozart es -en fin- la suprema felicidad. Tan solo con ellos ya quedaría cubierta la agenda de 2006 para los ocios del viajero ilustrado. No cabe duda que ese 250 aniversario del nacimiento de Mozart tendrá una dimensión global, en un mundo globalizado. Lo importante es que las flautas mágicas nunca dejen de sonar. También se cumplen los cien años del nacimiento del compositor ruso Dimitri Shostakovich. No le caía nada bien a Stalin y tuvo que sufrir los drásticos reparos del totalitarismo soviético, siempre dispuesto a coartar brutalmente la libertad del arte. En realidad, a veces no se sabía si era un compositor adicto a la revolución o un disidente. Queda su música adusta, un poco ampulosa y la deriva trágica de su posición en Rusia. Habrá este año algunos festivales Shostakovich y una reedición general de toda su obra. Lo que está claro es que al final su música ha durado más que la obra de Stalin. También se cumplen los 150 del nacimiento de George Bernard Shaw, premio Nobel de literatura, hoy más bien pasado de rosca a pesar de su inteligencia e ingenio. Otros 150 años son los del nacimiento de Sigmund Freud, quien caló tan hondo en el diagnóstico de la cultura occidental para hoy ser una influencia caduca y colateral. Queda en la imaginación de todos el diván como sustituto del confesionario y la idea excesiva de que el sexo rige al cien por cien el comportamiento humano. Es de una notable ingratitud no reconocer que la radio y la televisión, el DVD, el CD y la reproducción ponen también a nuestro alcance la obra de Rembrandt, Mozart o Cézanne, sin necesidad de un «tour» europeo. En un atasco de atardecer urbano, el «Quinteto en A mayor para clarinete» de Mozart de repente nos redime incluso de la claustrofobia. Con las manos en el volante, la mirada un poco perdida, incluso el embotellamiento camino de casa, al terminar el trabajo, será algo más liviano si la eterna gracia de Mozart nos deleita.