AL TRASLUZ
Callejón de sombras
CUANDO recomiendo Crash , la película desde ayer ganadora de tres oscars, utilizo este anzuelo: imagínate que tu mirada todo lo abarcase, que fueras capaz de ver que ese hombre que se cruza con un desconocido está unido a él por un misterioso destino que ellos mismos ignoran, y que cada uno de nosotros somos piezas de un puzzle, donde finalmente cada pieza encaja. Eso y mucho más es dicha excelente obra cinematográfica, que nos habla de cómo nos convertimos, por el estrés y nuestros miedos, en máquinas de dañar a los demás. Pero Crash es grande porque ofrece una solución a esa deriva cotidiana, casi siempre espejismo de nuestra ansiedad. El amor, claro. Desde hace años el mejor cine estadounidense nos viene contando revisiones críticas sobre su sociedad, agresiva y permanentemente crispada, aunque son también películas capaces de proclamar el amor y el perdón como salida del callejón de las sombras. Monster Ball, Camino de la perdición, Condenado ,... No se trata ya del falso final feliz, sino de la única dialéctica posible. Estados Unidos ha generado un estilo de vida más que cuestionable, pero aún saben crear obras de arte en las que el hombre sale dignificado, incluso en el caos. En España nunca se podría haber realizado Million Dollar Baby, y no sólo por una cuestión presupuestaria, sino porque nuestros directores no concebirían que un manager de boxeo, cuando ha de tomar la decisión más difícil de su vida, se arrodille y rece. Crash trata sobre la vida... en este oscuro callejón de sombras. Y aporta luz y verdad.