Si se hubiera hecho al revés...
No piense el lector que va a descubrir en estas líneas algo nuevo pero sí que va a rescatar de los anaqueles de la memoria los cariñosos calificativos que emplea cada vez que les nombra. No voy a hablar de esas inversiones que nos venden como si fuera suyo el dinero empleado. No voy a hablar del reparto del presupuesto comunitario, que vaya usted a saber qué criterios siguen. No, tampoco voy a hablar de esas luchas entre partidos, más parecidas a las pendencias de grupos financieros que a las divergencias de los hombres de bien. No, no vamos a tratar de temas tan elevados; bueno, ni de esos ni de lo que de boca en boca se oye por la calle: que si comidas por allá, coches oficiales por aquí, obsequios por acullá, y otras mil formas que nuestros avispados administradores idean y pagan con el dinero de todos y que la lengua popular se encarga de airear. Dejemos pues este espinoso asunto y centrémonos en el tema que nos ocupa y que va ganando interés a medida que pasan las horas. El caso, queridos conciudadanos, es que la administración autonómica que nos ha tocado en suerte pretende simple y llanamente funcionarizar al personal interino en detrimento de la inmensa mayoría. Esto quiere decir que para algunos emplea un rasero y para el resto otro, para unos la parte ancha del embudo y para el resto la estrecha, para el resto las pruebas selectivas y para los «unos» el dedo. No hace falta decir que esto vulnera el principio constitucional de igualdad y deja a nuestros jóvenes opositores sin la oportunidad debida. Que se quemen las pestañas estudiando, que las plazas con las que sueñan ya tienen dueño. ¿Cómo este partido que nos gobierna desde hace décadas y que tan constitucional se proclama se manifiesta de semejantes maneras? Dice el refrán que obras son amores y no buenas razones. Todos comprendemos que en la empresa privada cada uno escoge al personal que necesita como mejor le parece en cada momento, con total libertad, sobre todo porque es su dinero el que está en juego; pero que esto lo intente hacer la administración pública da que pensar, sobre todo porque los cuartos son nuestros. Pero, qué sabemos, el común de los mortales, de los entresijos de la administración pública? ¡Nada! ¿Qué sabemos de órdenes, leyes, procedimientos, normas, etc? ¡Nada! ¿Verdad? Será por eso que actúan tan despreocupadamente nuestros altos funcionarios, nuestros preclaros dirigentes, nuestros ínclitos gobernantes; parecen desconocer que todos guardamos en lo más profundo de nuestro ser unos preceptos que nos permiten juzgar los sucesos desde un punto de vista ético. Vamos, una justicia natural que nos agudiza hasta el olfato para detectar la pestilencia que el asunto desprende. Nuestra sorpresa sería mayor y el escándalo mayúsculo si supiéramos que hay interinos que llevan en esa situación más años que Cascorro en filas. ¿Y qué pensaríamos si alguien nos aclarase que la ley fija un plazo máximo para esas situaciones de dos años, al cabo de los cuales, se supone, debieran ocuparse por medio de la correspondiente oposición? ¿A quién tendríamos que pedirle explicaciones por dejación de sus funciones? ¿Y cómo luchar con el gusano de la duda que nos susurra al oído: ¿sería premeditada la dejación? Me temo que cualquier respuesta nos va a desagradar bastante. A. G. Fernández (León) La familia de Luis Baltuille de la Puente, residente en La Coruña, el pasado día 13, Jueves Santo, requirió los servicios del 112. Quiere a través de su periódico dar las gracias por el trato recibido, tanto por el Sacyl, como por el personal de urgencias del Hospital de León. Estamos muy agradecidos. Consuelo Baltuille de la Puente (León). Qué equivocada estaba, pensando que a estas alturas, en el mundo de la globalización, las cosas se solucionaban de forma más rápida, pero parece ser que para la marca de mi coche no es así. Adquirí en junio un vehículo de la marca Kia, y en diciembre sufrí un accidente. Cuál fue mi sorpresa al comprobar que el respuesto que mi coche necesita para su arreglo, no existe en España y debe venir del extranjero. Impotencia es lo que siento, ya que después de más de tres meses, el vehículo sigue sin arreglo. ¿Cómo es posible que un repuesto no exista en stock a nivel nacional y tarde tanto tiempo en traerse? Aprendida la lección el siguiente coche que me compre no será de esa marca». Henar Niño Herrero (León). Antonio (León; debate en la edición digital).