EL BALCÓN DEL PUEBLO
Nebulosa incomprensible
HA PASADO el 1º de Mayo entre capilotes amarillos y rosas rojas. La manifestación unitaria leonesa congregó a unas mil personas. El eslógan era el mismo que en el resto del país: «Por la paz y contra la precariedad en el empleo». La paz es como una musa que sonríe sobre las nubes. Hay una esperanza colectiva, también avalada por las fuerzas sociales. Los sindicatos apostaron ayer, de forma pública y decidida, por ella. No desean que se esfume como el polen de las choperas. Pero desde este balcón, comprobado que los trabajadores celebraron su fiesta sin sobresaltos, continúo fijando mis ojos en la intervención de Rodolfo Martín Villa en nuestra ciudad. Fue un acierto de Diario de León traerle para clausurar el ciclo de conferencias sobre temas autonómicos que se han celebrado durante las últimas semanas. Lo que dijo Martín Villa fue muy interesante, pero todavía lo es más lo que calló. Y por eso mismo, sigue dando que hablar en tertulias y mentideros políticos y académicos de León. Martín Villa explicó en su conferencia cómo veía el proceso autonómico 25 años después. El ex-ministro no dijo por qué y cómo la UCD que él dirigía en nuestra provincia empezó apostando por una comunidad autónoma leonesa y acabó, bajo su influencia, imponiendo a los ayuntamientos y a la Diputación Provincial votar la incorporación a Castilla. Para los que recordamos aquella evolución, seguimos teniendo presente que Rodolfo Martín Villa se había declarado públicamente como el sucesor de Adolfo Suárez en la presidencia del Gobierno. Pensaba esperar a que le tocara su turno, estando de titular de la comunidad autónoma lo más grande posible. Para esa estrategia le venía mejor Castilla y León que León sólo. También recuerdo que a los primeros que convenció para el proyecto de constituir la comunidad autónoma de Castilla y León fue al PCE de Santiago Carrillo, con quien mantenía excelentes relaciones y hacían pinzas frecuentes contra el PSOE. El viejo comunista, mientras se fumó media docena de pitillos seguidos en Villablino, me reconoció el acuerdo. Al proyecto de Martín Villa y el PCE se sumaron rápidamente los socialistas vallisoletanos, que tenían entonces como lìder a Gregorio Peces Barba. Aprovecharon la debilidad del PSOE leonés y la crisis tras la muerte de Baldomero Lozano para arrastrarlo al proyecto de Martín Villa. Así se explica el comportamiento confuso y errático de la Diputación Provincial en el momento clave de la configuración del mapa autonómico. En aquel momento, a Martín Villa también le sorprendieron otras cuentas. Por ejemplo: que Cantabria y La Rioja decidieran, cuando se enteraron de que la comunidad autónoma no iba a ser la de Castilla La Vieja, sino la de Castilla y León, decidieran, digo, pronunciarse por hacer sus comunidades uniprovinciales. Toda esta historia está por escribir. Y si tuvieran memoria Martín Villa y otros protagonistas directos de los acontecimientos --que la tienen, seguro, pero disecada-- ayudarían a entender lo que ahora parece una nebulosa incomprensible. No es la única. Hay otras, como la del Parador de Pajares, a la que asistí, que también fortalece la historia.