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JOSÉ A.BALBOA DE PAZ
León

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TIEMPOS DE CAMBIO, tiempos de caos. Si las comunidades autónomas, en la reforma de sus estatutos, pretenden convertirse en realidades nacionales y las nacionalidades en naciones, parece lógico que las comarcas, como la del Bierzo, quieran convertirse en provincias. En este último caso, el Bierzo tiene además el precedente de la provincia de Villafranca del Bierzo durante el Trienio Liberal que, por disputas sobre la capitalidad y otras gaitas entre Ponferrada y Villafranca se perdió en la restauración de Fernado VII por los Cien Mil Hijos de San Luis. Tras su muerte, en 1833, algunos prohombres bercianos compitieron nuevamente por aquélla y por la capitalidad del nuevo proyecto provincial. Por Ponferrada lo hicieron Pascual Fernández Baeza, diputado en Cortes, y el industrial ferrero Nemesio Fernández, senador; por Villafranca lo harían el diputado Apolinar Suárez de Deza, propietario también de varias ferrerías y el propio alcalde de la villa, y el radical Santiago Capdevila, comerciante en telas, catalán aquí afincado. Un Foro Cultural por la Provincia d e El Bierzo, cuyo portavoz es Javier Martínez, quiere reivindicar, como indica su nombre, que el Bierzo conquiste, como antaño, la condición de provincia ahora que se tramita la modificación del estatuto de Castilla y León. No es una idea novedosa. El PB de Tarsicio Carballo la reivindicó durante años, y hasta el proteico Carretero creó un Partido Provincialista del Bierzo. Lo que es novedoso, y por eso lo traigo a esta columna, es su propuesta de poner el nombre de aquellos prohombres bercianos a alguna de las nuevas calles de Ponferrada. Creo que es razonable, aunque por diferente motivo al alegado por aquel foro. No negaré el papel de Nemesio Fernández y de Pascual Fernández Baeza en lograr lo mejor para el Bierzo y, en aquellos años, en conseguir que esta tierra se organizara como una provincia distinta a la de León; pero no creo que esa fuera su principal virtud. Nemesio Fernández, antes que político, fue un hombre de empresa, quizá el representante más conspicuo de la emprendedora burguesía ponferradina del siglo XIX. Comenzó su carrera como un arrendatario de ferrerías en el valle del Selmo a principios del siglo. Durante el Trienio Liberal adquirió, en una primera desamortización, la ferrería de Linares, propia de los benedictinos de Montes; posteriormente se convertiría en el mayor constructor y principal empresario de ferrerías. Construyó entre 1823 y 1850 las de Serviz, Portela de Valcarce, Corporales y Llamas de Cabrera, cuyo valor superaba ampliamente el millón de reales. Fue también un importante comprador de bienes desamortizados. Otro tanto habría que decir de Apolinar Suárez de Deza, señor de Bóveda pero residente en Villafranca, que construyó las ferrerías de Río Cabo y heredó otras muchas en el Bierzo y Galicia. En ambos casos hablamos de personas que destacaron por sus proyectos empresariales, por sus luchas en conseguir mejores comunicaciones para la comarca y en lograr un mayor desarrollo para su tierra. También Pascual Fernández Baeza, uno de cuyos sobrinos, Adriono Quiñones, se casaría con la hija de Nemesio Fernández, jugó como político un papel muy importante en el trazado de la carretera nacional por Ponferrada y en defensa del ferrocarril de León. Fue di putado desde 1836 hasta 1851 y senador desde ese año hasta su muerte en 1861. Especialista en temas jurídicos, fue cofundador del Boletín de Jurisprudencia, en el que publicó numerosos trabajos sobre temas de su profesión de abogado. Pero la fama mayor de que gozó en vida fue la de «fabulista insigne», por sus libros Fabulas Morales y Políticas, publicado en Madrid en 1852 y por la Nueva colección de Fabulas Políticas y Morales de 1858, que fueron utilizados como libros de lectura en muchas escuelas. Por estas razones, yo me sumo a esa propuesta; incluso me extraña que los ayuntamientos de Ponferrada y Villafranca no hayan aún dedicado a estos hombres alguna de sus calles. 1397124194

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