LA VELETA
La llamada del hambre
EN ESTADOS UNIDOS, con doce millones de hispanos sin papeles, hay un presidente del Gobierno, George Bush, que espero no sea también sospechoso de blando a los ojos de los funcionarios españoles de la crispación. El pasado primero de mayo se manifestaron un par de millones de persona por todo el país, para dejar clara su importancia en el desarrollo económico de los USA y para exigir ser legalizados. Aquí, a los ultras del mundo-se-acaba-cada-día, les da igual la realidad de la inmigración de los USA. Están convencidos de que la culpa de que los africanos vengan a cientos -no digamos avalancha, por favor, que no son nieve- la tiene Zapatero y si antes le responsabilizaban de que vinieran por Marruecos, ahora le echan en cara que salgan de Mauritania, Senegal o Mali. Instalados en el señoritismo y el todo vale contra Zapatero, estos ultras no son capaces de entender que si aquí esta media España haciendo régimen para entrar en el bañador este verano y allí se mueren de hambre, es estadísticamente probable que los ciudadanos de África quieran ver si pueden tomar en nuestro país, o en el resto de la opulenta Europa, aunque sean las migajas de la tarta. Poco les importa también la evidencia, al alcance de cualquiera que esté en contacto con la realidad -no necesariamente los citados-, de que las miles de obras, la agricultura intensiva de buena parte de España o el servicio doméstico de toda ella, esté en manos de inmigrantes. La realidad no puede acallar el fuelle insaciable de los buscadores del caos. El caso es que estamos ante un problema que nos duele, pero porque le vemos agonizar, ¡o momificarse!, en los cayucos, pero no decimos ni pío ante las dos vías principales de entrada de inmigrantes: la vía aérea, procedentes de Latinoamérica; o el puro autobús, procedentes de la parte pobre de Europa. No se si recuerdan estos ultras los métodos con que, en algún caso, resolvió el problema de la inmigración el anterior Gobierno: una dosis de haloperidol para anestesiar al inmigrante, unas esposas de plástico y un avión camino de África. Eso sí que es autoridad. Aquí hay quien propuso hace unas semanas disparar contra los inmigrantes que saltaban la valla de Melilla. El Gobierno de Zapatero, y todos los demás partidos españoles, tienen pendiente un gran debate sobre este asunto crucial. Tienen que abordarlo a sabiendas de que sin él la eventual solución del problema será imposible, pero conscientes de que, incluso con él, el arreglo es dificilísimo. En cualquier caso, no es culpable el Gobierno de Zapatero de que en África la gente se muera de hambre, ni de que en aquel continente la experiencia demuestre, una vez más, que puede haber Estados sin democracia, pero es imposible que haya democracia y un mínimo de bienestar material donde no hay Estado.