Diario de León
Publicado por
GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN
León

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ESTAMOS en una de esas fases en las que el optimismo sobre el final de la violencia generada por ETA no tiene una apoyatura de convicciones racionales. Más allá del hecho innegable y positivo de los tres años sin víctimas mortales, lo demás se reduce al voluntarismo contagioso de Zapatero, que lo mismo sabe mucho más que los demás para justificar sus pasos adelante, que está como el resto de los mortales en la inopia colectiva en cuanto a las razones finales de los etarras. En este asunto, como en otros muchos, parecen ser demasiados los españoles que no quieren decir lo que sienten, pero tampoco sienten lo que dicen auto obligados por lo políticamente correcto. Cualquier observación puede alinearte entre los enemigos del final de la violencia. A mí me preocupa profundamente un hombre que, como Zapatero, ha ocultado la verdad en numerosas ocasiones en lo tocante a este asunto. Ha prometido respetar el Pacto Antiterrorista, al margen de que sea o no la panacea, y de hecho lo ha negado en más ocasiones. Él y los suyos se empeñan en no derogar la Ley de Partidos Políticos, pero ponen más interés en no aplicarla que en defenderla. Todo hace suponer que con ETA ha habido más que contactos, cuando el Congreso autorizó las negociaciones una vez que se detectara la inequívoca voluntad de entregar las armas, y, en consecuencia, cesar en la violencia. Tanto ETA como el mundo aberzale ni siquiera se han comprometido a acabar con la kale borroka , que ahora presentan como un fenómeno espontáneo. Así las cosas, Zapatero volverá a sacar conejos de la chistera, y entre animalito y animalito puede que aparezca la paloma de la paz. Ojalá acierte. Pero será sin que nos haya ofrecido indicios rigurosos previos de que el fin de la violencia puede llegar.

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