PANORAMA
Afganistán se iraquiza
UNA MULTITUD de ciudadanos de Kabul, la capital de Afganistán, se dirigió al palacio presidencial dando gritos de «muerte a América» y «muerte a Karzai» (el jefe de Estado) mientras el personal de la embajada de EE.UU. tuvo que ser puesto en lugar seguro tras los tiroteos registrados en sus proximidades. Los graves incidentes se produjeron tras un accidente de tráfico en el que un vehículo norteamericano arrolló y causó la muerte a varios peatones. Los soldados del convoy, que se apearon para prestar ayuda, fueron apedreados y debieron replegarse mientras disparaban para protegerse y causaron varios muertos. Los manifestantes probablemente no sabían que casi al mismo tiempo que ellos reaccionaban como lo hicieron, unos 50 guerrilleros morían también en el sur en otro bombardeo del que no se pueden excluir tampoco daños colaterales: los rebeldes estaban reunidos en una mezquita, dijeron lacónicamente las autoridades sin más precisiones. La sucesión de incidentes con la llegada del verano, el recurso de los talibán a procedimientos terroristas clásicos como los coches-bomba y, sobre todo, el atentado-suicida, parecen confirmar un agravamiento de la situación sobre el terreno cuando los Estados Unidos han conseguido que, poco a poco, la OTAN se haga cargo de la seguridad y se funden de hecho las labores propiamente militares con las de reconstrucción material y mejora de la convivencia de la Coalición, en la que España aporta una contribución considerable. Algunos medios atisban ya de manera abierta un escenario degradado que equivaldría a una especie de iraquización del conflicto afgano, que parecía mucho mejor encarrilado y, al fin y al cabo, había puesto en marcha un proceso político-institucional meritorio con diligencia y buen sentido.