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León

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EN POCOS debates sobre el estado de la Nación como en el de ayer fue tan patente la disparidad entre el dibujo de la realidad efectuado por el presidente del Gobierno y el trazado por el líder de la oposición. Rodríguez Zapatero, que ofreció una imagen idílica de su obra de gobierno, que, en todo caso, tiene claroscuros como cualquier realización humana de la misma complejidad. Por el contrario, Rajoy efectuó una pintura negrísima del bienio, sin luz alguna, ni siquiera en los aspectos más conseguidos de la acción de poder. El contraste de ambas visiones, enriquecido por el debate posterior entre ambos líderes y matizado, por supuesto, por los ciudadanos/espectadores de la contienda, que hemos cernido lo visto y oído en el harnero del sentido común, constituye la esencia de la democracia.

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