DESDE LA CORTE
La estabilidad, asegurada
YA PASÓ. Ya se cerró el debate, a falta de las resoluciones que se votarán el día 6. Les confieso un gran alivio. Hace falta la paciencia de un santo para seguir todas las intervenciones y, sobre todo, el tono del señor Zapatero. Dicho con los respetos que merece un presidente, habrá sido el ganador, pero, si no aburre a las ovejas, es porque las ovejas no suelen seguir estos debates. De hecho, la imagen más vistosa de ayer eran los escaños vacíos: un entusiasmo perfectamente descriptible. Parece que las minorías están para ser respetadas, pero no escuchadas. ¿Qué nos queda de esta orgía de palabras? Por lo visto, una gran decepción en el Partido Popular. Desde el celebrado «váyase, señor González» de Aznar, este partido no había visto una derrota formal de su líder. Al revés: Aznar mejoró con los años, como los buenos vinos, y Rajoy siempre ganó; pero esta vez se cambiaron los papeles, y el que aprendió a manejarse fue Zapatero. Está claro, una vez más, que el cargo hace al hombre, y la Presidencia del Gobierno es una escuela de oradores y estrategas. La opinión publicada, en su afán de presentar todo como un combate de boxeo, lo proclamó ganador. Al margen de estos detalles morbosos -pero tan inevitables que nadie se pregunta en qué quedó la inmigración o la seguridad-, el debate deja un cambio serio: en el País Vasco se podrá hablar de cambio político, incluso antes de la paz de ETA. Es una modificación sustancial. Deja también una sensación de vacío, por no haber discutido ese tema. Pero yo, al final, lo defiendo: malamente se puede discutir algo que no existe y que sólo conseguiría enturbiar el ambiente. Y deja, sobre todo, un patio político muy sólido. Ayer hablaron las minorías. Cada una tiene su demanda territorial, cultural, lingüística, o su reclamación de deuda histórica. Pero se les nota cómodas con este gobierno. No darán, desde luego, su apoyo al Partido Popular, al que dedican las peores calificaciones. Conclusión: Zapatero no tiene nada que temer. Tiene apoyos sobrados para terminar la legislatura. La estabilidad está asegurada. ¡Quién lo iba a decir cuando Zapatero representaba la debilidad! La papeleta queda en los despachos del PP. Se trata nada menos que de revisar el mensaje. Si todo él se centra en la gran teoría del Estado, la destrucción nacional o la defensa de la Constitución, después resulta muy difícil bajar a la arena de lo concreto. No se puede pasar de golpe de la teología a la cesta de la compra. Y además, si no cambia el mapa parlamentario, el destino del PP parece escrito: tendrá que ganar por mayoría absoluta si quiere gobernar. Es el mensaje de futuro que queda, en cuanto se separa la bruma del tedio y el sopor.