Diario de León
Publicado por
MARÍA J. MUÑIZ
León

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UNA DE LAS COSAS de las que nunca se cura un periodista es del trago de preguntarle a una madre, a un esposo, a un hijo, «cómo se siente» cuando acaba de perder a un ser querido. Cómo se siente es precisamente la cuestión que se evita, por evidente, por dolorosa. El que inquiere sabe que es como meter un dedo en el ojo del otro y preguntar si se molesta. Es, exactamente, uno de esos momentos en los que el periodista sabe que incordia, que da donde duele. Una de esas veces en las que te cambiarías por otro, que desearías que te tragara la tierra. Son informaciones especialmente duras de hacer, y con los años no se ganan agallas para afrontarlas; quizá sólo delicadeza a la hora de plantear las cuestiones necesarias para realizar la información. Por eso resulta especialmente deleznable el espectáculo de acoso al segundo a los familiares de Rocío Jurado, con una única pregunta. ¿Cómo se sienten? Es inevitable el interés por la artista, pero de ahí a vilipendiar su agonía dista un universo. El de la profesionalidad. El de la dignidad, de la cantante y sus allegados; pero también de quienes habrían de saber cómo informar sin ofender, sin recurrir, las cosas como son, al morbo. También debían de saber los profesionales que algo que se anuncia «inminente» suele alargarse irremediablemente hasta dejar sin argumentos al vocinglero. En el caso de una agonía, el seguimiento al minuto que se prolonga termina irremisiblemente en falta de respeto y circo mediático. Caso aparte merece la ministra de presunta Cultura, incontinente verbal habitual, que ni después de meter las patas se acoge al silencio para no contribuir a la agresión en momento tan delicado. Calvo, en general, en este caso en particular, debería optar por tener la boca cerrada. Cada vez que la abre sube el pan.

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