LA VELETA
Dolor y ejemplo
EL DOLOR es un sentimiento que se descarría en soledad y se ennoblece en comunión. Valencia ha visto cómo toda España ha compartido su silenciosa y conmocionada tristeza, haciéndola suya, para repartirla entre todos y tocar cada uno a un poco menos de dolor. Hace falta la gallardía humana de la vicepresidenta Fernández de la Vega para proclamar en una frase muy roída por el sentimentalismo la auténtica verdad de ayer: «El corazón de todos los españoles está hoy en Valencia». No había otra manera de decirlo. Si las alegrías colectivas fortalecen la unión interna de los países, un dolor local, si se hace automáticamente colectivo, revela todo lo que un país tiene de gran familia. Llama la atención en circunstancias como estas el inmediato despliegue de psicólogos, varios centenares en Valencia, para atender a los familiares de las víctimas, padeciendo ya el dolor de un fallecimiento o viviendo la incertidumbre, en los primeros momentos, de si un ser querido estará o no en la lista de los muertos. Mientras vivimos, nuestra experiencia de la muerte es muy escasa, pues el hecho de que sea inexorable, y así lo asumamos, no nos ilustra demasiado sobre ella misma. De ahí que muchas veces se reaccione de forma desesperada o histérica ante la muerte de una persona que absorbía gran parte de nuestra capacidad de afecto, y es entonces cuando el psicólogo funciona, no como consuelo obviamente sino como experto en la expresión del dolor mediante sentimientos que no sean especialmente negativos. En cinco minutos de silencio ante el Palau de la Generalitat, miles de valencianos, entre los que figuraban las autoridades autonómicas, representantes políticos y la citada María Teresa Fernández de la Vega, demostraron que para expresar elocuentemente un sentimiento de dolor sobran las palabras y, por supuesto, el ruido, excepto el de la campanas que prestaban al aire su excepcional acompañamiento. Han vuelto a mostrarse las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, los bomberos, las autoridades autonómicas y municipales, y los voluntarios de la Cruz Roja con la misma eficacia y abnegación que sus colegas de Madrid en la tragedia del 11-M, por lo que puede decirse que España, además de ser un país solidario consigo mismo, comparte en la diversidad de sus territorios una bien distribuida y equitativa capacidad de reacción espontánea, profesional y voluntaria a catástrofes de estas dimensiones. Valencia ha dado en su dolor un ejemplo de que los valencianos, además de compartir su propio dolor, junto al que le han acercado el resto de los españoles, reaccionaba a esta catástrofe incluso antes de que hubiera acabado de producirse, cuando los viajeros del tren siniestrado avisaban por teléfono móvil a las autoridades de lo que podría pasar y estaba pasando. 1397124194