PANORAMA
Contra sus actos
LLEGARON a mi casa una soleada mañana de diciembre del 76. Quince libros, de tamaño bolsillo, pulcramente encuadernados en piel teñida de rojo, negro y oro. Mi madre los colocó en la estantería más alta de la biblioteca, no sin antes aleccionarme para que no me acercara a ellos. «Estos libros son muy valiosos y los he comprado para que cuando seas mayor conozcas la historia y sepas lo que realmente sucedió. De momento, eres muy pequeña para comprender.» Y así, fue. El tiempo que todo lo cura, me dio los centímetros suficientes para alcanzar aquella estantería y el raciocinio para asimilar su contenido. Casi hubiera preferido haber tardado más, ya que, aquellos quince tomos marcaron un antes y un después en mi forma de entender el mundo. Las fotografías, en blanco y negro, que los ilustraban, mostraban la crueldad suprema a la que puede llegar el ser humano, la monstruosidad nazi para con los judíos y miembros de otras minorías. Resulta muy difícil no sentirse avergonzado por el holocausto, sin embargo, el conocimiento y reconocimiento de esta parte tan negra de la historia no justifica que sus víctimas puedan cometer otras atrocidades, que, a los judíos, sesenta años después de finalizada la II Guerra Mundial, se les permita hacer lo que les place bajo la excusa de la legítima defensa. Somos millones los que hemos crecido admirando el esfuerzo de recuperación de los judíos diezmados, su lucha por crear un país democrático en las arenas de un inhóspito desierto, y rodeados de enemigos que, les guste o no reconocerlo, ellos mismos se han creado. Pero, igualmente, somos millones, los que negándonos a que se nos acuse de anti-judíos denunciamos que, el ataque al Líbano además de no justificado, viola el Derecho Internacional y no puede ser tolerado.