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FERNANDO DE ARVIZU
León

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PROPIAMENTE, dícese del que baila en dirección contraria a los demás y les hace chocar entre sí. Por extensión significa molestar pero en serio. Vayamos por partes, porque hay tres cosas que comentar en el arte de reventar el pasodoble. La primera es la del que siempre baila la misma danza aunque cambie la música. La enésima visita del presidente del gobierno a León suena demasiado a cosa vista para que suscite los entusiasmos de antaño, salvo en los incondicionales que deben apoyar a su jefe de filas como sea. Se trata no sólo de vender innumerables veces la misma cosa, sino de aparecer por León solamente para estar y poco más. No se discute que es mejor que el presidente del Gobierno venga por su tierra que el que no aparezca por aquí. Pero no se puede pasar la vida hablando de promesas futuras, de miles de empleos previstos, de infraestructuras una y otra vez anunciadas, para llegar a inaugurar una actividad del Inteco que fue además una iniciativa del gobierno anterior, el del denostado Aznar. Y encima marcharse sin decir una palabra de ese proyecto archivendido como la joya rutilante de la munificencia -sólo pregonada- de este gobierno con León. Vender humo acaba por cansar al personal. La segunda es un paso cambiado y tiene bastante peor intención. El ministro Solbes, antes g ris y hoy eminencia gris del gobierno, ha dicho que si sube el petróleo los usuarios pagaremos más caro el combustible y soportaremos toda la inflación que se deriva de que ese producto básico se encarezca en proporción geométrica. Pero nunca dicen lo que les cuesta el litro de gasolina o gasoil puesto en el surtidor y cuánto le cargan en impuestos. Señor ministro, eso lo sabe decir cualquiera, no hace falta ser experto en economía ni ministro. Para anunciar que se ha descubierto el Mediterráneo, es mejor seguir callado. Después de oírle, es lícito preguntarse para qué queremos un ministro de Economía y Hacienda que lo único que sabe es repercutir con tal de no perder impuestos. Olé! Precisamente su misión sería encontrar la vía de no repercutir las subidas de carburantes para que no se resienta la economía española, porque si no la gente se va a enfadar y de verdad. Aquí la receta es: nada de gestión, mucha política, revanchismo y segunda república, pero eso no hace que la gente viva mejor. Piensen en otro truco, porque están rascando el fondo de la cesta. Y ya el colmo en reventar el pasodoble se lo están haciendo a Zapatero los mismos de la ETA, esos con los que esta negociando a espaldas del pueblo, esos mismos que dice que ya son chicos buenos. Calixto Ayesa, presidente de la patronal navarra, ha denunciado una remesa de cartas de extorsión a empresarios con matasellos de junio. Por mucho que lo intente la vicepresidenta, no se puede negar la evidencia: ETA no ha renunciado a su actividad delictiva. Que no ponga bombas o pegue tiros en la nuca no obedece a ningún arrepentimiento, sino a que probablemente no puede hacerlo ahora y además no le conviene. Por eso ETA sigue por donde andaba: no tiene nada que perder porque percibe que el gobierno quiere negociar como sea. Y este es el enigma de la semana: ¿qué es lo que le obliga a esa negociación?

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