EL PAISANAJE
Peques no, gracias
El ALCALDE zamorano de Peque debió de tener un día bobo, o se pasó de listo, cuando se le ocurrió ofrecer a su pueblo para cementerio de residuos radiactivos a cambio de una pila de empleos e inversiones que saquen de la miseria a los paisanos de la comarca. Como argumento no estaba mal, pero antes tenía que concretar a cuántos y a quienes, con nombres y apellidos, empezando por él mismo. Esto que va a continuación va a misa y sobran testigos. Cuando hace una década se agotó la capacidad de relleno del vertedero de León, situado entonces entre los pueblines de Villacedré y Santovenia, una gran empresa francesa ofrecía cien millones de pesetas de las de la época a quien le consiguiera una licencia municipal para incinerar las basuras, por supuesto sin malos humos y con fragancias naturales. La empresa logró convencer a cuatro vecinos para que actuaran de intermediarios con los ayuntamientos de la zona, previo viaje a Francia con todos los gastos pagados y generosas dietas que, por un albur, mala suerte, se perdieron en cierto casino de allende los Pirineos. El suceso todavía se comenta por las tabernas y el que quiera que pregunte, porque servidor vive allí y no quiere líos. Sólo puedo añadir que de aquella entrevisté brevemente, para contrastar, al responsable de la empresa de basuras de León capital. «¿Será posible?», le dije. «Coño, si me consigues tú la licencia los cien kilos te los pago yo en pesetas y te olvidas de cambiarlas a francos», respondió el otro. Hacer el actual CTR en San Román de la Vega costó años y un huevo de la yema del otro en acallar protestas, porque todo el mundo quiere deshacerse de las basuras y tirar del inodoro sin que le huela a él. A ver si nos aclaramos: un cementerio radiactivo es para enterrar cosas tan necesarias como las que dan luz en casa y radiografías en el hospital. Nada de subastas. El Gobierno debe decir «esto se pone aquí porque es el sitio menos malo y a algún lado tiene que ir, así que expropio, aunque cueste votos, y me mojo el culo», firmado Narbona, ministra. No es por nada, pero lo tiene muy aparente.