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JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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LOS INCENDIOS de la pasada semana en Galicia son un desastre de proporciones inauditas. Más de cincuenta mil hectáreas de bosque -y aún pueden ser muchas más esta semana- han sido desarboladas por las llamas, dejando un rastro de muerte y destrucción. Algunos hablan de una catástrofe mayor aún que la del Prestige , aunque en este caso no ha habido manifestaciones contra el gobierno como entonces, bajo la pancarta del «Nunca máis». Tanto el Gobierno central como el autonómico son socialistas con apoyo nacionalista. Éstos manejan con maestría las manifestaciones y algaradas callejeras, o con sus medios afines crean estados de opinión colectivos de afinidad o rechazoa ciertas políticas. Así estos días se han dedicado a lanzar cortinas de humo y evadirse de sus directas responsabilidades en la tragedia, cuyas consecuencias económicas, humanas y ecológicas están por venir. Primero fue esa sutil distinción entre pirómanos e incendiarios, es decir entre supuestos dementes y delincuentes; luego, por boca de Cristina Narbona y Alfredo Pérez Rubalcaba, se acusó a estos últimos de constituir una trama terrorista organizada que, según ellos, actúa por turbios intereses supuestamente políticos, dejando entrever la mano oscura del PP, enajenado por haber perdido las pasadas elecciones autonómicas. Acusación sin pruebas y desmentida por la Guardia Civil que lo único que encuentra como causa de esos incendios son la quema de rostrojos por un viejo, las gamberradas de un par de jóvenes y la mala leche de dos o tres trabajadores de equipos de extinción de incendios; es decir, lo de siempre. No ha habido más incendios que otros años, lo que ha ocurrido en Galicia, además de unas condiciones de sequía, calor y viento propicias, es que los numerosos y pequeños fuegos seculares se han extendido con rapidez sin que fueran atajados en sus inicios. La razón es sencilla: la Xunta este año carece de los medios humanos y técnicos para controlarlos. Toda la organización antiincendios creada por los gobiernos del PP durante muchos años, y por tanto muy experimentada y con profundos conocimientos en la materia, ha sido desmantelada de manera drástica, por razones políticas, sin esperar a crear una nueva estructura competente y que nuevos jefes de equipo tuvieran una formación suficiente para dirigir las brigadas contraincendios. En éstas, por razones igualmente políticas, no se contrató a quienes no tuvieran el certificado de lengua gallega, priorizando así la afinidad política frente a las competencias técnicas. A la bisoñez y descoordinación de estos dirigentes se ha añadido una carencia de medios técnicos asombrosa: ni motobombas, ni máquinas cortafuegos, ni hidroaviones en cantidad suficiente. Pero, también por razones políticas, en lugar de solicitar ayuda al gobierno central o a otras comunidades limítrofes, el gobierno de Pérez Touriño ha preferido guardar silencio e intentar atajar el fuego con sus propios medios, enredado en su discurso ideológico. Los gallegos son una nación y han de crear un estado propio, que se valga por mismo para atajar todos los males; pero al fuego, tan desideologizado, le ha importado muy poco el nacionalismo; sin medios no se puede atajar. Cuando han solicitado la ayuda del Estado, del Ejército y de los gobiernos autonómicos próximos, el mal ya estaba hecho. El Estado que se echa por la puerta, dando un portazo, entra por la ventana. Esto prueba que hace falta, ante hechos de esta naturaleza, un gobierno central que coordine y ponga los medios del Estado para lograr el fin que se pretende. Si el Estado desaparece o se empequeñece, aquél carecerá de medios para ayudar a las comunidades más pobres. Esta semana también hubo muchos incendios en Cataluña, pero allí hay medios y se pudieron atajar sin grandes dificultades. En Galicia no los hay y sin el Estado difícilmente se pueden sofocar y, lo que es peor, salir de la crisis en la que va a entrar como consecuencia de los mismos. 1397124194

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