Publicado por
León

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Hacer puentes y, sobre todo, hacer de puentes es tarea muy dura. Un puente por de pronto, es alguien que es fiel a dos orillas, pero no pertenece a ninguna de ellas. Más si el puente no pertenece por entero a ninguna de las dos orillas, sí tiene que estar firmemente asentado en las dos. No es orilla, pero sí se tiene que estar firmemente asentado en las dos, si se apoya en ellas es súbdito de ambas, de ambas depende. Ser puente es renunciar a toda libertad personal. Sólo se sirve cuando se ha renunciado. Y, lógicamente, sale caro ser puente. Este es un oficio por el que se paga mucho más que lo que se cobra. Un puente es fundamentalmente alguien que soporta el peso de todos los que pasan por él. La resistencia, el aguante, la solidez son sus virtudes. Y un puente vive en el desagradecimiento: nadie se queda a vivir encima de los puentes. Los usa para cruzar y se asienta en la otra orilla. Quien espere cariños, ya puede buscarse otra profesión. El mediador termina su tarea cuando ha mediado. Su tarea posterior es el olvido. Incluso un puente es lo primero que se bombardea en las guerras, cuando riñen las dos orillas. De ahí que el mundo esté lleno de puentes destruidos. A pesar de todo, amigos míos, que gran oficio el de ser puente, entre las gentes, entre las cosas, entre las ideas, entre las generaciones. El mundo dejaría de ser habitable el día en que hubiera en él más constructores de zanjas que de puentes. Hay que tender puentes, en primer lugar, hacia nosotros mismos, hacia nuestra propia alma, que está la pobre, tantas veces, incomunicada en nuestro interior. Un puente de respeto y de aceptación de nosotros mismos, un puente que impida ese estar internamente divididos, que nos convierte en neuróticos. Un puente hacia los demás. No se puede amar sin convertirse en puente, es decir, sin salir un poco de uno mismo. Me gusta la definición de da Leo Buscaglia del amor: «Los que aman son los que olvidan sus propias necesidades». Y el bendito oficio de ser puente entre personas de diversas ideas, de diversos criterios de distintas edades y creencias. ¡Feliz la casa que consigue tener uno de sus miembros con esa vocación de constructor de puentes!. Y también el gran puente entre la vida y la muerte. Thorton Wilder dice que en este mundo hay dos grandes ciudades, la de la vida y la de la muerte, y que ambas están unidas y separadas por el puente del amor. Anatolio Calle Juárez (Navatejera). Señora alcaldesa de Benavides de Órbigo: En el año 2001 le escribimos una carta (que a la vista está que no tuvimos contestación) haciéndole un comentario sobre la Fuente de los Ocho Caños. Cuando se reformó se quitó el año de la inauguración de la fuente. Puesto que este año hay tantos acontecimientos y van tantas personas, si hubiera una placa con día, mes y año que es el 14-04-1914, se darían cuenta que después de noventa y dos años cumplidos todavía nos deleita con su agua. Esperamos ver cumplido ese deseo. Reciba un saludo de Caridad, Ana María e Isidro Martínez Blanco, descendientes de Benavides de Órbigo. C. Martínez (Trobajo del Camino).

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