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ANTONIO NÚÑEZ
León

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SI SALE con barba, San Antón, y, si no, la Purísima. Los grandes partidos han deshojado ya la margarita de los cabezas de lista a la alcaldía de León con Amilivia (PP) y Francisco Fernández (PSOE), que, dicho sea de paso, por poco no quedan decapitados la otra semana. Ahora le toca el turno a la Diputación, donde no basta con que las ejecutivas digan «va fulano o fulana de tal, dicho y hecho». Muy por el contrario, hay que hacer encaje de bolillos. El refrán del viejo imaginero que, garlopa en mano, dudaba si iba a salir el Santo o aparecérsele la Virgen es lo más parecido a la pugna electoral por el Palacio de los Guzmanes. Al día de hoy en el PSOE, por no saber, no saben ni lo que quieren. O sea que los últimos navajazos para pulir la talla quedan para más adelante. En el PP, a su vez y como andan escasos de empleos desde que ganó Zapatero, puede haber bofetadas muy sonoras y, con el tiempo sonadas, entre cierto caballero y determinada dama, cuyos nombres no se ponen aquí por no perder las amistades y, más que nada, porque son también de sobra conocidos. El que quiera saber más que le pregunte a la Virgen de Fátima. O, en su defecto, a Fátima Placer, la berciana que anda echando sus propias cuentas por un diputado de más o, sobre todo, de menos. O recuente de antemano los votos de la Maragatería, donde otra diputada podría ser la madre del cordero (el nombre y el apellido tampoco tienen pérdida). O en Cistierna, con la cosa que está ni fu ni fa, lo que es normal en la vida, pero mal asunto cuando se vive del partido. El Palacio de los Guzmanes es un histórico y sólido edificio, incluso en sus finanzas si se lo compara con las goteras presupuestarias del Ayuntamiento. Se podría decir aún hoy de él lo que Felipe II a Gonzalo de Guzmán cuando vino a inaugurarlo allá por 1569 y admiró el enrejado de los ventanales: «demasiado fierro para un obispo». Bueno, pues los mismos fierros se están afilando ahora. Y saltan chispas.

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