LA VELETA
Una UE sin reservas
ESPAÑA INGRESÓ en lo que hoy es Unión Europea en la tercera ampliación, con Portugal. No nos hacen falta siglos de perspectiva para diagnosticar que desde aquella entrada en 1986 hasta hoy el trayecto ha sido altamente positivo para España, para sus infraestructuras y para sus instituciones públicas, para el potencial de crecimiento y para nuestra seguridad. Grecia ingresó en 1981. A los cinco años, España y Portugal concluía su tan largas negociaciones. Por fin la España libre y democrática reaparecía en su verdadero contexto, europeo y atlántico por la pertenencia a la Otan. En poco tiempo, la caída del muro de Berlín transforma el potencial de ampliación de Europa. eja de tener sentido la divisoria del telón de acero, el enfrentamiento de la guerra fría, la contraposición entre dos sistemas económicos. Entonces, en 1995, ingresan Austria, Finlandia y Suecia. Suiza, en referéndum, acuerda no formar parte de la CEE. En su segundo referéndum, los noruegos también decidieron no integrarse. Llegó el big bang del 2004 y diez nuevos países entraron en la Unión Europea. Esa sería la Europa de los Veinticinco. En estos días, el semáforo de la Unión Europea ha dado luz verde al ingreso de Rumania y Bulgaria. Rumanos y búlgaros se integrarán enero del 2007. Con este próximo ingreso, la frontera de Europa se desplaza hasta el Mar Negro. Ambos son países de economía escuálida: un tercio del promedio de la UE. Con Grecia y Chipre ya serán cuatro países de mayoría religiosa ortodoxa. No falta quien insista en que ni Bucarest ni Sofía cumplen con los requisitos mínimos para ser miembros de la UE. Toda Europa, además, recela de los movimientos migratorios. El resto de candidatos se quedan a la puerta. Europa teme que más ampliación signifique un desbordamiento de las instituciones. Esa es la tesis presente: antes de ampliar más, hay que hacer reformas institucionales, según previó el tratado de Niza. De hecho, ya va ser de por sí arduo manejar una Europa con veintisiete miembros. Se habla mucho de límite en la capacidad de absorción, de fatiga de ampliación. Esa Europa de los Veintisiete tendrá quinientos millones de habitantes. El trasiego le corresponde a Angela Merkel porque Alemania asume la presidencia semestral de la UE en enero. Eso es más bien afortunado. Uno de los interrogantes es qué hacer con el fallido Tratado Constitucional que tuvo el no del electorado francés y holandés. Y tampoco se sabe que sucederá con las candidaturas de Turquía, Croacia, Ucrania, Bielorrusia, la Moldavia, Serbia, Montenegro, Bosnia y Albania. Ese es un totum revolutum fenomenal. La lista de espera confirma que el proceso de integración europea ha sido genéricamente un éxito pero un día u otro habrá que decidir si la Unión Europea quiere expandirse en el Islam.