TRIBUNA
Leonesismo social y leonesismo político
EN UNO de los encuentros preparatorios del reciente congreso celebrado por la UPL al estilo y usos de un partido político tradicional, es decir, llevando todo atado y bien atado, eso sí con parafernalia, pucherazos, listas amañadas, cambios dirigidos del orden del día y no pocas ponencias que sólo sirven para cubrir el expediente, uno de los varones del partido, de profesión político, denominó al leonesismo que defendíamos un grupo de reformistas, que siempre hemos vivido de nuestro trabajo, como leonesismo romántico. Puede que estuviese en lo cierto a juzgar por el bochornoso periplo seguido por un leonesismo político dotado de unos estatutos, caso de la UPL, que son un insulto a la inteligencia y un medio eficaz para actuar arbitrariamente y mangonear sin rendir cuentas a nadie. Como a la tercera va la vencida y como creemos que el leonesismo social no sólo está plenamente arraigado, sino que necesita del leonesismo político, ha llegado el momento de encarrilar la crítica situación y de buscar una nueva vía a partir de una profunda renovación o una nueva organización política leonesista de corte asambleario, que al estilo de otras organizaciones nacionalistas o regionalistas cuente con planteamientos ideológicos y programáticos serios y que de alguna forma entronque con la realidad social y la haga partícipe del proyecto más allá de la rutinaria introducción de una papeleta cada cuatro años. Siento decir, que se perdió una oportunidad de oro en el último congreso de la UPL, pero los nuevos varones que en el denominado «congreso» de Astorga lanzaron órdagos, mea culpa, arrepentimiento y promesas, no querían ni oír hablar de reforma estatutaria, ni del más mínimo cambio que les apartase de su único objetivo: seguir en el poder y el control caciquil, disfrazado y legalizado, eso sí, por un comité ejecutivo amañado, controlado y unido en una comunidad de intereses al estilo del país y de los salvadores de la patria. En este contexto, dos cuestiones se nos antojan como claves para lograr los objetivos y poder garantizar que la sociedad leonesa cuente en el futuro con una alternativa y una voz independiente de la partitocracia, que no democracia, instaurada en esta nuestra nación llamada España. Estas son, en primer lugar y dada la situación de ruptura y carencia de ideario, planteamientos e ideología, a la que ha llegado el leonesismo político, la necesidad de mirar el modelo y copiar de los movimientos regionalistas y nacionalistas que no sólo se han fortalecido, sino que se han convertido en llaves en el seno del poder institucional regional y nacional. En segundo lugar y directamente relacionado con lo anterior, la imperiosa necesidad de llegar a una vinculación, identificación y comunión de intereses y objetivos entre el leonesismo social y el político. Esto se justifica en que el leonesismo social es una realidad tangible en aumento, especialmente presente en los jóvenes cada vez más conscientes de lo que el sistema y los poderes dominantes están haciendo con su tierra y con sus intereses sociales. En efecto, el éxito y progresivo asentamiento sobre la base social del nacionalismo catalán, gallego, etc., parece fundamentarse en la plena integración y compromiso entre los partidos políticos que lo representan y defienden y la masa social que no sólo los vota, sino que los vigila, tutela y condiciona. Dicho esto, creo que debemos repasar la singladura de un leonesismo que, si bien no contaba con los antecedentes ideológicos, programáticos y políticos de los anteriores, sí existía en el sentimiento e identificación de una sociedad leonesa que, pese a los ataques sufridos en su identidad diferencial y derechos históricos a partir del centralismo del siglo XIX, conservaba viva la llama sentimental e identificativa sobre la base de un marco territorial y administrativo definido y con una fuerte impronta a partir del viejo Reino de León y de una de las provincias más antiguas de España. Sobre esta base se entiende tanto el nacimiento del leonesismo político, caudillismos y carencias programáticas, cómo el periplo seguido por éste desde su nacimiento hasta las rupturas y transfuguismos mediatizados por el leonesismo asociado a la» cartera». Pero, a nuestro entender lo más grave del tema no es lo anteriormente apuntado, sino lo que emana de otras dos cuestiones básicas y fundamentales para el futuro de un proyecto leonesista serio y de la propia sociedad leonesa. En primer lugar, es de vital importancia que el leonesismo social desenmascare a los que se auto-adjudican como sempiternos propietarios del leonesismo político; a aquellos que, ocupando instituciones de poder, hacen de éstas un modus vivendi vitalicio. Es más, si algunos de los grandes partidos le garantizase el momio vitalicio no dudarían ni un momento en poner su leonesismo por montera, de la misma forma y con la misma rapidez que otros se hacen leonesistas cuando son excluidos de las listas por otros partidos. Esta situación explica claramente la política de pactos seguida por el leonesismo político, sus personalismos y el «funcionamiento» de un partido como la UPL que no sólo carece de estatutos serios y de presupuestos o balances económicos anuales, sino que se pasa por el arco del triunfo los acuerdos adoptados en su congreso, eso sí, con el beneplácito de la común unión de intereses de sus dirigentes o varones. Nadie duda que a estas alturas, esta tierra y la sociedad leonesa se juega su razón de ser, su identidad, su presente y sobre todo su futuro. Pero, para garantizar éste el leonesismo social necesita el apoyo de los grandes poderes, organizaciones y fuerzas mediáticas, muchos de cuyos miembros, desde su condición de leoneses e integrantes del leonesismo social, son conscientes de esa realidad. Conviene recordar que la Autonomía de la Rioja se consiguió desde el apoyo social y desde la fuerza ejercida por los grupos de poder económico vinculados a la viticultura. Incluso, me atrevería a decir que la presencia de una fuerza política leonesista, no sólo es necesaria, sino un reflejo de salud democrática, a la hora de contrarrestar las ya claras posiciones de los grandes partidos nacionales y ser capaz de actuar conforme a unos criterios o valores ideológicos y de buscar en la necesaria política de pactos lo mejor para León, aunque ello no beneficie a sus carteras. Ahora bien, para reconducir la situación del leonesismo político y para garantizar su futuro de forma muy diferente a su larga y tortuosa trayectoria pasada no sólo se hace necesario un cambio profundo, sino también la integración y comunión con el leonesismo social. Hace unos meses el leonesismo social salió de forma exitosa a la calle, pero una vez más tuvo que comprobar, con tristeza no exenta de esperanza, el desencuentro con un leonesismo político que ni apoyó ni participó en la convocatoria. Mañana va a salir a la calle el leonesismo social para reclamar el derecho que tiene el País Leonés y sus gentes a decidir sobre su marco político e institucional, derecho que sólo se le ha negado al reino que puso las primeras piedras en la construcción de la nación española, es decir al viejo Reino de León. Posiblemente con estos antecedentes y en esta tesitura sea bueno que el leonesismo político actual no le apoye, aunque visto el éxito anterior a lo mejor se anima. Si es así, que sepan que no nos van a seguir engañando como hasta ahora y que sigan buscando tránsfugas para su causa y negocio. Ojalá me equivoque y podamos ver un profundo cambio de formas y actitudes por parte del leonesismo político, pero ello pasa por profundos cambios que dudo mucho que los actuales dirigentes estén dispuestos a hacer, toda vez que se creen sabedores de que su puesto se va a mantener independientemente de que se pierdan electores para la causa.