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ANDRÉS PRECEDO LEDO
León

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CUANDO viajé la primera vez a Portugal era todavía un chiquillo, con el disco duro todavía poco gastado, y tal vez `por eso recuerde tantos detalles de la que fue mi primera salida de España. Todos me decían que los portugueses querían ser en todo lo más do mundo, y desde entonces esa asociación me persigue. Después me fui dando cuenta que ese afán por agrandar todo lo de uno era común a casi todos. Las ciudades siempre son las más en algo, principalmente con relación a las más cercanas; los países también y hasta las proclamas culturales adolecen de ese papanatismo, cuando debieran ser su contrapunto, porque si la cultura no aporta ponderación es que algo no ha funcionado bien. Más recientemente llegamos al circo de los premios Guiness. Y todos compiten por hacer la tortilla más redonda y más grande, la paella con más granos de arroz o el chorizo más largo y más gordo. También en la arquitectura se pugna por el edificio más alto, más grande -como los pabellones de feria de Calatrava en Valencia o el Gaiás-, o más extravagante -como la torre de la televisión china o, más cerca, el de Portos de Galicia-. Y a esta carrera por lo más se suman también las frikies de la telebasura, y así, suma y sigue. No es extraño ante tanto afán «superador» que también los políticos aporten su óbolo a la carrera. Ya antes, el segundo gobierno socialista fue el más en materia de corrupción, el de José María Aznar fue el más en apoyo al fiasco de la guerra de Irak, y ahora el de José Luis Rodríguez Zapatero quiere ganar el más en chalaneo político. Primero fue el chalaneo con los estatutos de autonomía. Yo creía, hasta entonces, que los estatutos eran una especie de constituciones autonómicas, en las que debían primar contenidos identitarios, de filosofía política, de principios democráticos, de sistemas de gobierno, de participación y de representación. Ahora resulta que lo importante es asegurar inversiones a corto plazo o ser los más en nacionalismo. Puestos en esa tesitura, es lógico que cada uno buscase argumentos diferenciadores y ventajosos para el reparto basados en el más: Cataluña la que más aporta al PIB -naturalmente después de Madrid-, Andalucía la más poblada , Galicia la más dispersa etcétera. Pero la cosa se acabó cuando los que apoyaron en su momento a Rodríguez Zapatero para secretario general del partido, frente al candidato oficial , cerraron sus estatutos. Igual ocurre con los chalaneos postelectorales o con los pactos preelectorales encubiertos, y con otras fórmulas parecidas. La política convertida en un chalaneo. Probablemente estaremos a punto de ser, otra vez, los más en algo. Porque aquí tenemos ahora al dictador guineano Teodoro Obiang Nguema que designa a sus hijos ministros pero, en realidad, no chalanea nada. Y qué decir del chalaneo urbanístico. Ahora ningún alcalde quiere ser el más, cuando antes muchos se vanagloriaban de serlo, porque parecían también los más listos. En fin, yo preferiría no ser más, sino mejor.

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