POR LA AMURA
Museo del zoquete
ES LA era de los museos. Los hay por cada esquina. Algunos nacen para que se luzca un arquitecto y luego las administraciones se gastan una morterada en comprar todo lo que esté en venta para llenarlos. Otro modelo de museo es el que se construye primero y luego ya se pensará a qué se dedica, como ocurrió con el edificio Pallarés, en el que la misma Diputación Provincial que hoy no tiene para llegar a fin de mes lleva una década dilapidando cientos de millones y, de momento, lo único que me ha quedado claro del futuro museo provincial es que lo más lucido del edificio, con un amplio ventanal que da a la plaza de Santo Domingo, se ha reservado para el despacho del director. Será que es la mejor pieza. También tenemos el contramuseo, como el minero de Sabero, que después de años de transfusiones de billetes públicos a un arquitecto bien relacionado, ha conseguido abrir un debate sobre si, por respeto al buen gusto, no sería lo mejor dinamitar la obra y dar por perdido el dinero. Y luego está otro museo lleno de contenido, pero sin continente: el museo ferroviario, una realidad rodante que ha forjado desde 1992 la Asociación Leonesa de Amigos del Ferrocarril al restaurar con su esfuerzo y prácticamente sin ayudas públicas medio kilómetro de trenes históricos, que encima no son suyos, sino de las empresas públicas Renfe y Adif. El otro día le mandaron una propuesta de creación del museo ferroviario al director de Patrimonio de Adif, un tal Antonio Cabado -leonés para mayor vergüenza- que con una falta de educación manifiesta les devolvió el sobre sin abrir. Pues nada, que ya tenemos material del bueno para empezar con otro museo: el del zoquete.