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YASHMINA SHAWKI
León

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EN VIDA del Shah, la cuestión fronteriza del Shatt al Arab y de algunas lindes más hacia el norte supuso una fuente de constante enfrentamiento entre Irak e Irán, pero nunca llegó muy lejos. De hecho, Saddam Hussein, presionado por acabar con la revuelta kurda, firmó con el Shah el Tratado de Argelia de 1972, por el cual se acordó que, a cambio de algunas concesiones territoriales a Irán, los persas dejarían de armar y financiar a los kurdos. La llegada al poder del Ayatollah Jomeini en 1979 trastocó el clima de entendimiento. El viejo de las barbas blancas tenía personal inquina al nuevo presidente de Irak. Y es que, Sadam le había expulsado en 1978 de Nayef, donde estaba refugiado desde hacía tiempo, por incitar a la disidencia chiíta. Fue una afrenta que Jomeini no perdonó y de la que quiso vengarse provocando una guerra que duraría ocho años. Pero, Saddam no era el único enemigo que tenía Jomeini. El asalto a la embajada de los EEUU en Teherán en 1979 decidió el apoyo norteamericano a los iraquíes en su lucha contra Persia. La penuria económica de Irak tras la guerra con Irán, la negativa de los amigos árabes a permitirle exportar más petróleo y a condonar sus deudas empujó a Saddam a invadir Kuwait el 2 de agosto de 1990. Con esta acción Sadam entró en el club de los enemigos de Norteamérica al tiempo que condenaba a su país a la desolación. Más de dos décadas después, hay quien, olvidando el saldo de un millón de muertos de la contienda entre persas e iraquíes, el interés que tiene la República Islámica en extender su control territorial echándole el guante a la zona sur de Irak de mayoría chiíta, piensa que con ayuda de Irán se podría reducir la sangría de Mesopotamia y evitar la guerra civil. Con el potencial nuclear del radical Ahmadineyav y el fanatismo de los chiítas iraquíes como apoyo, ¿será posible que los otros países árabes de mayoría sunnita se queden con los brazos cruzados? El presidente iraquí, el kurdo Talabani, se ha ganado la reputación de no tener escrúpulos a la hora de firmar alianzas pero, a pesar de sus buenas intenciones, una con Irán puede ser más de lo que queda de Irak pueda soportar.

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