BURRO AMENAZADO
El pastor de Valdeguarín
UN PASTOR es un as de la naturaleza y hay que ayudarle para que viva dignamente. Desde el pico Loma, al sur de Peña Corada, el valle de Valdeguarín serpentea hacia Santa Olaja de la Acción en un paisaje de laderas de robles y encinas y un brezal rojo invasor que, si no fuese por el diente de las ovejas, habría terminado con las verdes extensiones de pasto y brecina que tapizan vaguadas y manantíos. Donde no campea el hato de churras -la raza labriega y sedentaria, de vellón de largas mechas, buen aplomo y manchas negras en las orejas, labios, alrededor de los ojos y punta las patas-, el monte se ha convertido en un espesar impenetrable, sin sendas ni calveros, recorrido, a duras penas, por los jabalíes. Si entrase el fuego en el sardón, no lo extingue ni los bomberos de Nueva York. El área de campeo del rebaño, estercolada, pateada y afinada en su herbazal, es un mosaico de majuelos, dehesa arbolada, erial y pastos que bulle de vida, espacio abierto donde ves bandos de perdices, bisbitas, pardillos, pinzones y escribanos a la rebusca de semillas y las huellas y excrementos de un pelo nocharniego, de gatos monteses, zorros, garduñas, corzos, liebres y lirones caretos. El pastor de Valdeguarín no come de frío la merienda como el rabadán de antaño, de zurrón con queso, embutido o carne curada y bota de vino. Ocultos entre zarzas, aparecen restos que muestran una dieta a base de sardinas, caballas, mejillones en escabeche, pulpo y chipirón en su tinta, queso Burgos Arias y ensalada California Tantacil y, en vez de darle al morapio, latas de cocacola, fanta, kas, multifrutas, néctar y bioliviana. Páginas de Teleprensa, en las que Eva Hache triunfa con su espacio nocturno en Cuatro, demuestran frugalidad y reciclaje pastoriles, con hojas que sirven de lectura, combustible de prender la hoguera y papel higiénico. A estos profesionales de la ganadería extensiva, motor rural: respeto y subvenciones. A pinos y pistas, ni un euro.