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León

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¡Qué tiempos aquellos en que no había coches y estos en que no sabemos donde meterlos! ¡Cuánto y qué bien jugábamos en las calles de tierra, polvo o barro, qué más daba habiendo como había tiempo, espacio y sin peligros... porque la mejor protección la teníamos en casa, en nuestra familia! Ya, pero los tiempos cambian y tan sólo en un par de generaciones todo se ha transformado tanto.... Leía yo uno de estos días este Diario de León que en este mismo espacio de Opinión alguien ponía el punto sobre las íes en ese aspecto vital de alcohol, carretera y Constitución. Y es que es verdad, hemos pasado de un estado dictatorial y represivo ideológicamente a otro estado policial y coercitivo económicamente, pues, pasado ya el estadio de control y estadístico, abusan de todos nosotros imponiéndonos multas a diestro y siniestro. Tal es así que cualquier ministro o director general que se precie verá valorada su gestión por la «rentabilidad económica» de sus servicios: Hacienda, Trafico, Sanidad...; de esta manera a más de los impuestos directos y de los impuestos indirectos que legalmente venimos soportando, ahora se ha n acostumbrado a tirar de la cuerda de lo que bien podríamos llamar «impuestos colaterales»; es como si dijéramos, las comisiones de los bancos que multiplican exponencialmente los intereses legales establecidos; y, así, igualmente, las administraciones se han habituado a multiplicar sus ingresos habituales con otros ingresos extraordinarios «a la carta» mediante normativas ultra restrictivas como la que en estos momentos se han sacado de la manga contra el alcohol: vamos, que te pueden parar en cualquier lugar como en la plaza de tu casa yendo en tus cabales, perfectamente, como siempre, sin alterar ni entorpecer en nada el tráfico, imponiéndote una multa de 600 ? , quitándote 4 puntos del carnet y 3 meses de pérdida del permiso de conducir porque como tu nivel de alcoholemia da por encima de los 0,25 establecidos... Y todo eso so pretexto de ser una medida preventiva y por nuestra seguridad y la de todos... ¡vamos hombre!. Digo yo que si uno va haciendo eses con el coche, circula temerariamente a una velocidad excesiva o se le traba la lengua cuando conversa con el agente bien puede presumirse que ese conductor es un peligro independientemente de lo que dé la maquinita pero si esas cosas no suceden -digo yo también que- el verdadero peligro es el agente que multa... y/o quienes haya detrás. El Estado, las administraciones en general se dedican a «purificar nuestros cuerpos»: no fumes, no bebas, no jodas (sin condón), no.... Esta debe ser una nueva religión, una nueva versión del amor al prójimo... Porque todos sabemos que de las prohibiciones se alimentan las dictaduras, la corrupción generalizada por quienes las administran, funcionarios y políticos sobre todo; de ahí surge el dinero negro que los partidos y los políticos cobran como comisiones y que los Estados emplean en políticas sucias y en financiación de guerras (venta de armas, drogas, etcétera). Si de verdad necesitamos auténtica protección para sentirnos seguros debería aplicarse enormemente sobre los medios de comunicación, sobre la publicidad y cosas así porque nadie pone trabas a esa nueva «religión del consumo» que el mismo Estado nos impone en lugar de proteger como algo «intocable» la nómina de todas las personas, que esa sí se suele ganar con esfuerzo, cojones y a pulso en el día a día. ¿P ero a dónde nos están llevando?, pregunto. José Reñones Díaz (Santiago Millas). Mª del Camino González do Santos (León).

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