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León

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Creo que esta frase define perfectamente el sentimiento de nuestra querida ciudadanía. ¿Cuándo dejaron los leoneses de soñar? ¿Cuándo se quedó huérfano el niño que llevamos dentro? Hace tiempo que la bella ciudad de León ha dejado de sonreír. Las risas de los jóvenes se apagan cada día que pasa, acalladas por una urbe que está dejando cada vez más de invertir en ellos, si algún día lo hizo, y más en el fastuoso y decadente decorado que soporta nuestro caminar diario. Debe ser que ahora, la grandiosidad de la creación ya no reside en contemplar el cielo, cada día más negro, ni en escuchar la pureza que reside en la voz tierna de un niño, sino en agachar la cabeza, en vez de alzarla, para maravillarnos con nuestro querido pavimento. Y así, con más pena que gloria, la ciudad se hace cada vez más vieja y oscura, ya que la claridad y la ilusión están emigrando hacia pastos más verdes. Así que, con gran pesar, una lágrima surca mi mejilla. Una lágrima de tristeza silenciada. Silenciada por la negligencia de una torpe administración y el sumiso pueblo que la consiente. Por unos leoneses que salen a la calle para pedir la independencia y se olvidan de reivindicar nuestro olvidado patrimonio. Por unos políticos que vienen a hacerse la foto y se les llena la boca con esas cuatro letras que tanta fuerza histórica tienen pero que en ellos sólo suenan a demagogia. De nuestros queridos escritores, recientemente galardonados, que deberían no sólo ser nombrados por sus escritos sino también por una obra social que salve aquello que supuestamente más aman... la cultura. Qué pena que un extranjero, ajeno a nuestras raíces, se haya erigido adalid de nuestra cultura, pero... algo es algo. Ya ha pasado más de un mes y siguen ondeando en su cabecera los dos crespones negros. Ya nadie alza la mirada un segundo para derramar una lágrima por ello. Así que, sólo nos quedará llorar por lo que tan desidiosamente habremos perdido. Nuestro teatro Emperador se muere y con él morirán todos nuestros sueños, nuestras risas... morirá el corazón de un pueblo. Diego Aragón Simón (Villacedré). Dentro de cinco meses se celebraran en España las elecciones municipales y otra vez nos encontraremos con que la lista más votada no puede gobernar pues no tiene la mayoría suficiente para poderlo hacer con garantías. Se haran apaños políticos, se formaran mayorías raras pero completamente legales. La ciudadanía no las entenderá y habrá montones de críticas innecesarias hacía los políticos. ¿Por qué no se hace una ley electoral en la que sean los electores quienes ratifiquen los pactos de los concejales? Señores políticos pidan esa ley por su propio beneficio. Isidro G. (León) Pilar Merenciano (Barcelona).

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