EN DERREDOR
Tensión sin tregua
SI FUÉRAMOS capaces, o nos lo permitieran, de detenernos un segundo para mirar atrás con afán crítico, llegaríamos a la conclusión de que no ha habido un día de tregua en la tensión política, judicial y mediática durante los últimos meses. No parece que el episodio del nuevo ministro de Justicia venga a aportar calma. Es evidente que Zapatero, como cualquier presidente, es muy dueño de nombrar ministros a quien le pete, sin otros límites que los de la honorabilidad del seleccionado. Designar a un batallador acérrimo contra el PP, que tanto desde la simplificación como desde la simpleza llegó a calificar a los populares de hijos de los que hicieron la Guerra Civil con el bando vencedor, no parece prudente. Menos si el gallego Pepe Blanco se encarga de realzar la figura del nuevo ministro basándose en que el PP lo recibe mal, coreado con la misma argumentación por ERC, que frecuentemente cuando elogia hace que florezca un sospechoso. El colmo de la desfachatez aparece en el cuarto a espadas que le echa Diego López Garrido al nombrado, elogiando su defensa de la autonomía del Ministerio Fiscal. ¿Autonomía también cuando están los socialistas en el poder y no los populares, como fue el caso de su actuación? No es menos imprudente por parte del PP dar por hecho que Fernández Bermejo va a anteponer los intereses partidarios a los del país. Y hacerlo como continuación de esa tropelía verbal registrada en el Senado, barbaridad que sonroja a cualquier bien nacido: aquello de espetarle a Zapatero que tiene menos proyección internacional que el etarra De Juana Chaos. Una tensión sin tregua, crecida exponencialmente, es fácil que termine por llevarse por delante a quienes la han hecho posible. La duda es si no arrastrará algo más.