LA ALDEA GLOBAL
Ante el juicio del 11-M
ESTA SEMANA se abre la vista oral del juicio del 11-M, la masacre más infame de nuestra trayectoria democrática. Muchos pensarán en sus prestigios personales; si es correcta mi versión o la tuya, si mi razón prevalece sobre tu emoción. Veremos los choques de prejuicios indocumentados propios de un país cainita. Otros dirán que nunca se sabrá la verdad -si es contraria a sus posiciones- porque la Justicia no es justa, sino una mera correa de transmisión de intereses inconfesables. Pero debemos pensar en las víctimas, en las familias de los 192 fallecidos y de los cerca de 1.500 heridos y traumatizados en los trenes de la muerte del madrileño corredor de Henares. Son nuestros semejantes, compañeros de sociedad civil, condición histórica y desamparo. Por ellos debiéramos sentir que nosotros también íbamos en aquellos trenes; que actuaremos como si también fuésemos afectados en nuestras propias carnes. Que como ellos vamos a exigir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. La sociedad española tiene que autodefenderse en una situación límite como ésta; no se trata de un escándalo urbanístico o de un agujero financiero. Se trata del terror contra el pueblo indefenso, del sacrificio de la vida de los ciudadanos con fines políticos. Nadie puede aparcar la responsabilidad, ni suspender la conciencia. La Justicia no es una dama ciega ni insensible al latir del pueblo; los jueces no viven en una burbuja ni carecen de principios. Hay casos y casos; y cuando se tiene que juzgar frente a los seres queridos de los muertos, no se puede mirar impunemente para otra parte, ni suscribir rutinariamente los legajos de una discutible instrucción sumarial. Tendrán que entrar al fondo, por muy amarga que pueda ser la verdad. Esta sociedad no está moralmente acabada, no se plegará a la insolidaridad con las víctimas ni aceptará componendas ante estas muertes. A pesar de todas las confusiones, se detectan elementos de esperanza. El Tribunal ha ordenado un verdadero análisis pericial de los restos de explosivos recogidos en los trenes. No se podía iniciar la causa desconociendo la composición real del arma homicida. También ha solicitado la ampliación de informaciones sobre importantes actuaciones, así como el completar de forma rigurosa el abanico de las llamadas telefónicas durante aquellos días. No está asumiendo pasivamente el sumario de la fase de instrucción; atiende cruciales peticiones de las partes y evidencia una perceptible voluntad de objetividad. Estemos a la altura del gran reto jurídico y vital de este juicio. Tendrá consecuencias políticas, porque, al igual que el terrorismo busca efectos políticos, esclarecer sus crímenes también los tiene. Pero en este caso, la verdad sólo podrá fortalecer la democracia y terminar con la angustiada búsqueda de las víctimas. A ellas se la debemos.