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JUAN F. PÉREZ CHENCHO
León

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HOY comienza el juicio por el atentado terrorista del 11-marzo del 2004. El mayor atentado de la historia de España y de Europa, cometido bajo el mandato del anterior gobierno del Partido Popular, con cientos de muertos y más de un millar de heridos. Aún mantenemos todos en la retinalas imágenes de furia, cadáveres y vagones retorcidos, desolación y lágrimas, flores y velas encendidas en Atocha y otras estaciones y barrios. Una copia de lo que, a diario, nos muestra la tele sobre el auténtico infierno que se vive en Irak. Finalmente, tras dos años y un mes, hay juicio a pesar de todas las trabas y maniobras puestas en marcha para reventar el sumario. Han sido dos años de auténtica oligofrenia política y periodística. Durante meses y meses hemos asistido a una campaña de intoxicación venenosa, destinada a desacreditar a los agentes de la policía nacional y de la guardia civil que instruyeron los atentados. Y también al juez Del Olmo, que se dejó las pestañas entre miles de folios, y a la fiscal de la Audiencia Nacional, encargados del caso. Buscaron para ello las explicaciones más peregrinas, negando la evidencia y acusando sin ninguna prueba a quienes nada tenían que ver con el atentado terrorista. En algunos casos, tal parecía un serial de espías en plena guerra fría. Pero ha llegado, como en los festejos taurinos, la hora de la verdad según las normas del Estado de Derecho. La hora de la verdad sobre la arena del redondel no es coincidente con la lorquiana de las cinco de la tarde, sino cuando el diestro se dispone, espada en ristre, a vencer a su enemigo: el toro. Según las normas del Estado de Derecho, hay unos acusados de la autoría y otros de complicidad del atentado y va a escenificarse un proceso judicial público y transparente. Con todas las garantías: tanto para la acusación como para la defensa. Ya no podrán seguir inventándose falsas pistas de mochilas y ácidos bóricos quienes no las aporten y las prueben en la vista que hoy comienza. No es ahora el tiempo de las fabulaciones, sino de los hechos probados y ciertos, los dos pilares en que ha de sustentarse todo tribunal para dictar sentencia. Se acabará así con la matraca de los que únicamente aspiran a enredar la vida política en los tribunales. Pese a todo, a esos enredadores siempre les quedarán dudas para el pataleo. La gran interrogación es saber si acabará algún día mientras «los suyos» no estén en el vértice de la pirámide. Ha escandalizado a la derecha el discurso de toma de posesión del nuevo ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, pero yo creo que ha metido el dedo donde más duele. ¿Por qué ha de ser cortés, diplomático y delicado con quienes ni siquiera le han concedido un minuto de tregua?. Pero somos muchos millones de españoles los que queremos saber la verdad, los que, de buena fe, creemos en el Estado de Derecho. Y vamos a atenernos a lo que realmente se pruebe en el juicio. El resto no son más que novelas de ciencia ficción. Que las escriban otros.

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