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DIEGO MORENO CASTRILLO
León

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EL PASADO DOMINGO, este diario, publicaba una tribuna cuyo firmante, Rafael Pérez Cubero, a quien no tengo el placer de conocer, lanzaba, no sin cierta grosería, un inexplicable ataque personal contra el viceportavoz del Grupo Socialista en el Ayuntamiento de León, Ibán García del Blanco, con el pretexto de responsabilizar al PSOE de los proyectos incumplidos del gobierno Aznar. Podría decirse que el titular de la Concejalía de Régimen Interior se despachó a gusto con sus adversarios políticos, pero poniendo muy poco cuidado en las formas y, para su infortuna, en los argumentos. Dejaba éste bien claro que no es precisamente un amante de aquellas personas que se expresan en los medios de comunicación con libertad -y con mayor elegancia-, respondiendo a las tareas de representación popular que la ciudadanía leonesa les encomendó en su momento. Pero la pregunta que ronda en la cabeza de muchos/as de aquellos/as que leímos su artículo es si de forma tan descarada se puede acusar de algo y, a continuación, cometer precisamente el mismo error que supuestamente denuncia. Al fin y al cabo, ¿cómo se explica que un Concejal de Régimen Interior, sin responsabilidades orgánicas ni políticas en cuestión de comunicación, salga de su madriguera para pretender dar lecciones de ética política a la oposición y ponga en cuestión la oportunidad de expresarse públicamente al que no es el correveidile de nadie, sino el vicesecretario general y portavoz adjunto del PSOE en León? ¿En calidad de qué habla usted, de amigo de Amilivia? Parece ser que éste se ha lanzado de lleno a la campaña electoral y, a estas alturas, se halla muy ocupado posando para el álbum personal, en que ha convertido la revista de información municipal -aunque no sin cierta generosidad escasamente reconocida, puesto que ha sabido reservar un par de páginas, con fotos y todo, a su compinche el tránsfuga-. Quizá me equivoque, pero el cuadro de víctima inocente, que pretendía pintar en su artículo, Rafael, no creo coincida en absoluto, con el perfil del actual alcalde. Dicho esto como licencia, me gustaría continuar con el tema que, en teoría, preocupaba a don Rafael, es decir, la Escuela de Pilotos. Y es que, en mi opinión, y en términos generales, a estas alturas quien más y quien menos es consciente de que durante la infinidad de años en que los populares gobernaron simultáneamente todas las instituciones públicas que afectaban a los/as leoneses/as, tuvieron la oportunidad de instalar en León una, dos y tres escuelas de pilotos. En cambio, la realidad fue bien diferente: tomaron la decisión política de apostar por otros lugares y claro está, las decisiones tienen un coste; según el viejo refranero, no es posible estar en misa y repicando. Así que la cuestión no creo que estribe en que Zapatero intervenga en la decisión de poner acá o allá la dichosa escuela, es algo más profundo que todo eso, lo verdaderamente importante es que los gobernantes tengan un proyecto claro, serio y adecuadamente estructurado en torno a una serie de elementos. El Inteco, el Palacio de Congresos, el AVE, el Ciemat y otros proyectos, no significan nada si no somos capaces de ver los hilos que los unen, los interrelacionan y los atan a un proyecto único que pretende ser el León que viene. Sin embargo, la amnesia, o la mezquindad, tiene presos a muchos profesionales de la opinión que, ahora, curiosamente, ya no se acuerdan de las decenas de años de olvido que sufrimos por parte de las administraciones públicas, ya no recuerdan aquel tiempo lejano en que todo se iba a pique sin que nadie dijese ni esta boca es mía. Algunos, encima, parecen tener la legitimidad de sacar la desigual vara de medir y emitir un juicio sobre la calidad y la dimensión de las actuaciones del Gobierno central en nuestra provincia. Y no contentos con eso, los señores del PP quieren hacer a Rodríguez Zapatero responsable hasta de lo que prometió Aznar y no cumplió. El leonés puede haber cometido algún error, no lo pongo en duda, pero a León le ha devuelto algo fundamental: vitalidad y protagonismo, y sólo cuando haya pasado mucho tiempo y otro/a presidente/a le sustituya en el cargo nos daremos cuenta de la oportunidad que los leoneses tenemos en este momento y corremos el riesgo de perder. Eso sí, algunos estarán contentos porque prefieren ser los dueños del basurero antes que uno más en el paraíso. Así que los dirigentes del PP pueden seguir haciendo cuentas y barajando números sin enterarse de qué va la película. Mientras tanto, después de doce años de Amilivia se han ido 12.000 jóvenes de la ciudad (1.000 por año, va para triste récord) y éste sigue sin encontrar tiempo para reunirse con los colectivos jóvenes de la ciudad, permitiendo además, que el máximo órgano de representación de la juventud leonesa sea desahuciado y tenga que buscarse por su cuenta un techo donde resguardarse. Pero algo está cambiando, se palpa en el ambiente y, por mucho que duela a algunos, a estas alturas puede que sea ya imparable.

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