León

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LOS taxis, las peluquerías y las consultas médicas son auténticos laboratorios sociológicos. En los primeros te ponen al día de las opiniones de los tertulianos sin necesidad de escuchar la radio, en las peluquerías encuentras una infinita variedad de fuentes informativas a todo color donde lo mismo te enteras de la visita de una folclórica a su novio en la cárcel que compartes las penas y alegrías de la realeza. En las salas de espera del consultorio médico el aprendizaje puede ser aún más completo. No hace mucho tuve ocasión de seguir en directo la entrevista-interrogatorio al que una ciudadana curiosa sometía a dos inmigrantes marroquíes que esperaban su turno. «¿Y estos dos también vinieron en cayuco?», preguntaba señalando al niño que dormía plácidamente en la silla y a la niña que jugueteaba por el suelo. «No, no, vinieron con su madre», contestó una de las mujeres, la única que parecía hablar español. «Pero vinieron en cayuco», afirmó la ciudadana entrevistadora como si no hubiera otra alternativa. «No, no. El padre ya estaba aquí, arregló los papeles y trajo a los tres», aclaró la marroquí hispanoparlante. «Ah, entonces, ¿el padre trabaja?», indagó la buena mujer. «Sí, sí claro que trabaja», le contesta su interlocutora. En fin, la siguiente pregunta versó sobre el pañuelo que llevaba una de las mujeres pero la otra no. «Pero en Marruecos si lo llevarías, es obligatorio», le dijo extrañada. «No, tampoco. Allí unas lo llevan y otras no», contestó la mujer que además de no llevar pañuelo vestía vaqueros. La entrevista quedó zanjada cuando a la ciudadana curiosa le tocó el turno de entrada. Salió luego y apenas se despidió de las dos mujeres. Me quedé con la duda de si el episodio le había servido para descargar su mente de un montó de tópicos, seguramente bien asentados por las imágenes que se difunden a diario en los medios de comunicación, o simplemente había pasado el rato cotilleando. Quiero pensar que se despojó de los tópicos.

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