EN EL FILO
Navarra y la legislatura
ESTO va para largo. Antes de que terminen las negociaciones para formar gobiernos municipales y autonómicos, allí donde no se han alcanzado mayorías absolutas, empezará a especularse sobre la fecha de las elecciones generales, que podrían adelantarse, o no. La plasmación política de los resultados electorales en Navarra influirá más o menos directamente en la estabilidad del último tramo de la legislatura. En cierto sentido, se inicia un período de provisionalidad. El 27-M ha generado una euforia en el PP, posiblemente desmedida, que el Gobierno desearía ir diluyendo durante el próximo invierno, previa renuncia a cualquier anticipación electoral. Pero si la euforia no se diluye, genera apremios, insistencia en nueva y urgente consulta al electorado para que éste aclare lo que el pasado domingo quedó realmente confuso, sobre todo en una ciudad como Pamplona, cuyo ayuntamiento ofrecerá, con y sin acuerdos de gestión, contradicciones ostensibles. Dos concejales de ANV, el partido contaminado por el virus batasuno hacen inicialmente imposible que el PSOE se embarque con ellos y Nafarroa Bai en un pacto municipal que desaloje de la alcaldía a UPN, franquicia n avarra del PP. Pero NaBai exige a los socialistas, al menos de momento, que para presidir el gobierno de Navarra lleguen a un acuerdo en el ayuntamiento pamplonica. Y aducen una razón democrática: en Pamplona y en sus núcleos urbanos periféricos residen tres quintas partes de la población navarra, por lo que el gobierno de la comunidad y del ayuntamiento capitalino deben gestionar una misma política. El temor a que Navarra caiga en manos de ideologías poco recomendables, según baremos del PP, impulsó ayer a Miguel Sanz, presidente en funciones del gobierno UPN, a ofrecer al PSOE la presidencia del Parlamento navarro y cargos de postín en el futuro ejecutivo a cambio de un pacto de legislatura. Para las socialistas, ninguna de las opciones que se le abren es buena. Todas llevan adosado un perjuicio. Los consejos más empaquetados en sensatez que se reciben en Ferraz coinciden en propugnar que los socialistas vascos no se comprometan con nadie, permitan la continuidad del gobierno UPN y la defiendan con apoyos pasivos, como al desgaire. Pero esa actitud sería calificada de traición por un electorado al que el PSN/PSOE ha martilleado durante toda la campaña con la necesidad de un cambio político para desalojar del poder autonómico a la marca local del PP, caracterizado su presidente por remedar al pie de la letra la política de miedo que predicaba la dirección popular. Y si los socialistas alcanzasen la presidencia de Navarra a cambio de sellar en el ayuntamiento de Pamplona un pacto municipal con ANV, podría irse despidiendo de algún millón de votos en el resto de España. Es posible y hasta probable que NaBai termine por no exigirle a los socialistas que pasen por las horcas caudinas del acuerdo municipal con ANV, pero así y todo el gobierno con la coalición Nafarroa Bai, cuyos componentes son soberanistas y durante la campaña han defendido la unión de Navarra a Euskadi, despertaría, y despierta ya, recelos e incipientes rechazos en las baronías más independientes del PSOE.