HISTORIAS DEL REINO

Cucarachas y otros seres abyectos

Publicado por
MARGARITA TORRES
León

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MIENTRAS LA CIUDAD se repone del atraco de los Ocean¿s two , porque eran dos con pelucona los malandrines, las cucarachas que cada comienzo de verano deambulan por nuestras calles, comienzan a abandonar sus cloacas con alevosía y nocturnidad. Las puñeteras son duras, supervivientes natas, no se acaba con ellas ni con un buen zapatazo, porque hay que repetirlo varias veces o corremos el riesgo de que el bichejo regrese a su cuchitril hasta que le llegue una nueva oportunidad de asomar la cabeza y los cuernos. Otro tanto podría decirse a propósito de ese grupúsculo de seres despreciables que también irrumpen en nuestras vidas con la misma desagradable costumbre que las cucarachas: los maltratadores. En una España como la nuestra, tan desarraigada social, moral y humanamente, donde se prima al pelota, al trepa, al más bestia y al mercachifle, no debe extrañarnos que surjan estas cucarachas. Cada pocas semanas los medios nos regalan algún ejemplo de maltrato psicológico o físico a un rapaz a manos de otros rapaces. Casi siempre la conclusión es la misma: el sistema, en su falsa tolerancia, permite este tipo de abusos e impide que el profesorado pueda ejercer su autoridad como debiera. Las semillas de la violencia se siembran en los primeros años, brotan en la infancia, florecen en la juventud y dan fruto en la madurez en la figura de esas bestias que, bajo el falso nombre de compañero sentimental, pareja, marido o ex de algún tipo, se creen en el derecho de apropiarse de la vida y aún del alma de las mujeres que han sido sus apoyos, las madres de sus hijos o, simplemente, las mejores amigas de ese largo aprendizaje al que llamamos vida. Una joven apuñalada en Madrid, una mujer tiroteada en Jaén, otra quemada viva en Barcelona, la última -de momento, por desgracia-, se arrojó al vacío desde un quinto piso en La Coruña ayer mientras huía de su marido. Las asociaciones feministas trabajan mucho y bien para erradicar este cáncer. También nuestra policía, con métodos de control ejemplares en Europa. Falla el sistema judicial que tolera al verdugo y aún le permite pavonearse por las calles ante sus víctimas. Esta semana, a las ya habituales noticias de las mujeres maltratadas muertas, se suma la escalofriante nueva de una niña de dos años reventada a golpes por su padre, un exitoso ejecutivo español residente en Londres. Nadie se explica cómo un tipo así fue capaz de destrozar el cráneo a su propia hija. ¿Quizás no soportó que la pequeña llorase mientras dictaba un memorando? Ashley Montagu dejó escrito hace treinta años que la única forma de aprender a amar es siendo amado y de aprender a odiar es siendo odiado. Tal vez la clave de estas grietas del sistema repose en el malfuncionamiento de una sociedad abrumada que pretende enseñar el respeto a los demás a través de asignaturas chorras de bachillerato, cuando verdaderamente se aprende en el día a día y con el ejemplo. Resta coger el toro por los cuernos, o la reforma educativa por el articulado de una buena vez y para siempre. Hasta entonces, la democracia española continuará siendo de tercera y los medios desvelarán en titulares sus vergüenzas.

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