Diario de León
Publicado por
PANCHO PURROY
León

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QUE LOS VÁSTAGOS hagan carrera es la ilusión de cualquier familia. Hace poco, tal posibilidad parecía ligada a la obtención de un título universitario, aval para un empleo bien remunerado, no digamos si el joven terminaba investido como ingeniero de caminos, canales y puertos, arquitecto o licenciado en medicina. Los tiempos cambian y, en general, hay un bajón de estudiantes universitarios, provocado en primer lugar por la valoración creciente de la formación profesional, antaño frecuente destino de gente poco estudiosa. Un fontanero, un electricista, un mecánico del motor, un protésico dental o un carnicero se emplean velozmente y con unos emolumentos iguales o superiores al del licenciado que ha gastado al menos cinco cursos en un campus. El panorama salarial de los títulos de formación profesional es mollar y esta situación vacía de aspirantes a la mayoría de las facultades y escuelas. Instruye observar en España el panorama de las carreras que suben y bajan. Al auge del turismo, esperable en una potencia turística como nuestro país, se une el subidón de las titulaciones de relaciones laborales, psicopedagogía, educación social y ciencias de la información, esta última con más gente atraída por la publicidad y la comunicación audiovisual que por el periodismo. También están de moda ciencias ambientales, ciencias de la actividad física y deporte, ingeniería informática y arquitectura técnica. Pintan bastos en los estudios tradicionales de derecho y humanidades (filologías y geografía e historia), y también hay buena pérdida de alumnos en empresariales, económicas y varias ramas de ciencias (química, biología, matemáticas y física). El mercado hace sonar sus preferencias y parece que el mayor varapalo cae sobre disciplinas generalistas. La bicoca el título garante de buen salario se ha esfumado y la competencia laboral es durísima. Más formación práctica, menos clases teóricas y una relación continua con las empresas darán cierto gancho a la universidad.

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