Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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BASTA con que uno quiera para que dos riñan. El encuentro entre Zapatero y Rajoy, precedido de tantos desencuentros, parece que no ha supuesto el principio de una hermosa amistad. Uno ofrece pactos de emergencia y otro cree que es él quien emerge y se encamina hacia el poder, todo seguido, a mano derecha. Las citas requieren oportunidad. Llega un momento en el que, a cierta edad, nadie está dispuesto a esperar a una muchacha, por muy reciente que sea, bajo la lluvia. Tampoco está capacitado para aguardar a nadie con el que sólo le une la ambición política y no se puede ver más que en las fotografías de los periódicos, cuando ambos están mucho rato agitándose las manos, para que los redactores gráficos tengan tiempo para inmortalizarlos en el suyo. Hay que tener en cuenta además que debieran haber concertado la cita antes del desafío etarra. A las cosas conviene ponerles remedio antes de que sean irremediables. Nuestros políticos siguen sin dar la talla y continúa siendo vigente el epigrama de Manuel del Palacio, rescatado por mi amigo Víctor Márquez Reviriego, cuando definió la imprescindible tarea como «arte ramplón que se aprende mal y pronto y en la españo nación es constante ocupación de algún sabio y muchos tontos». ¿Dónde está el sabio? No es presumible que sea José Montilla, que ha definido a España y a su alterado juicio «no es un Estado unitario, sino un federalismo imperfecto». La verdad es que funcionan muy pocas cosas, salvo unos grandes almacenes y la reventa de localidades para la reaparición de José Tomás. Monseñor Cañizares llama a la unidad de la Iglesia, que a su parecer «está desgarrada o hecha jirones». Una de dos, ya que las dos cosas no son idénticas. Quizá se esté sustituyendo la Biblia, que es el libro de los libros, por el Libro de Reclamaciones.

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