TRIBUNA
Nadie se esconde en el azul del cielo
ESCRIBÍA Theo Löbsack, en el Aliento de la Tierra, que «todas las coloraciones y formas que el cielo nos ofrece, tienen una propiedad común: que no pueden imitarse con los medios humanos». Y sigue siendo cierto, no somos capaces de reproducir el azul del cielo en el laboratorio. El secreto del color azul del cielo está relacionado con la composición de la luz solar y con la humedad de la atmósfera, está relacionado con la longitud de onda de la luz solar incidente y la parte de energía que cede a la corteza atómica de la moléculas de agua de la atmósfera y la vibración consiguiente. Nadie se esconde en el azul del cielo. Iluminados por la luz del Sol la vida en la Tierra tiene sentido. Nadie puede esconderse en el azul del cielo porque nadie en puridad puede esconderse de lo que le permite vivir. Si somos capaces de imaginar un mundo donde los seres humanos no compiten por la comida y por el territorio, es inevitable advertir que nuestro destino es la luz y la transparencia. El anhelo del hombre es la luz, es nuestra razón de ser, no es la de oscuridad y aún menos el secreto. Y les hablo del azul del cielo porque necesitamos un nuevo paradigma. ¡El derecho a la intimidad está en peligro! ¿Les suena? Es una reflexión que se escucha con frecuencia creciente en los medios de comunicación asociada a noticias más o menos llamativas relativas a la invasión de lo privado. Estas noticias van desde el robo de claves privadas vía Internet, hasta la obtención de fotografías vía satélite. Detrás de este fenómeno está el portentoso desarrollo que ha experimentado la tecnología en los últimos años. La misma tecnología que permite construir capas de protección para esconderse, también permite agujerear esas capas y colarse en la intimidad. Hoy, desde un satélite, pueden fotografiarnos un lunar si estamos tumbados en nuestro jardín o terraza. Mañana «escanearán» el edificio donde vivimos y sabrán si en nuestra habitación duermen una o dos personas. No lo pongan en duda. La reacción instintiva de la sociedad ante este fenómeno está siendo la de esconderse mejor. El esconderse forma parte de nuestro acerbo cultural y como es lógico utilizamos masivamente la tecnología para mejorar nuestros escondites. El volumen de negocio vinculado a las estrategias de ocultación es espectacular y sigue creciendo. Profesionalmente estoy vinculado al desarrollo del voto electrónico y he asistido a muchas conferencias, mesas redondas y reuniones sobre el tema. He reflexionado, como es lógico, mucho sobre el tema y he llegado a la conclusión de que trabajamos con un paradigma del pasado y de que necesitamos reponerlo por otro que esté a la altura que exige el espectacular progreso científico-tecnológico. Si no lo hacemos seremos arrollados, inevitablemente, por la tecnología. El uso fraudulento de la tecnología puede hacerse desde instancias muy variadas. Estas instancias van desde el caco de barrio, hasta los servicios secretos de un estado poderoso, pasando por los ladrones de cuello blanco y la coalición de intereses que buscan algún tipo de beneficio competitivo. ¿Cómo puede protegerse la sociedad de estas prácticas delictivas? ¿Cuál es la mejor estrategia? Para dar una solución eficiente a estas preguntas resulta imprescindible tomar en consideración las posibilidades que nos ofrece la tecnología, la presente y la futura. La solución no pasa por esconderse mejor. Esa es una solución tecnológicamente anticuada e intelectualmente pobre. La solución, a mi juicio, pasa por utilizar la tecnología para potenciar exponencialmente la transparencia. Tenemos que orientar nuestra civilización hacia la luz. Es un cambio de paradigma. A mayor transparencia mayor protección. La transparencia será el mejor antídoto contra el fraude. La transparencia es un formidable corrosivo de los comportamientos delictivos. Resulta técnicamente más fácil usar la tecnología para potenciar la transparencia que para potenciar la ocultación. Cito como ejemplo el daño que las cámaras de video-vigilancia están haciendo a la delincuencia actual. Personalmente pienso que la ocultación cada vez va a ser más difícil. La ocultación hoy ya es cara y llegará un momento en el que su coste será prohibitivo. El uso de la transparencia para protegerse es una técnica de ataque. El uso de la ocultación para protegerse es una técnica defensiva. Mediante el paradigma de la transparencia se acorrala al que delinque. Él es quien tiene que esconderse. Mediante el paradigma de la ocultación el que ataca es el delincuente. El resto retrocede y se esconde. La ocultación favorece los comportamientos poco éticos. La transparencia, por contraste, opera al revés, favorece los comportamientos éticos y las actitudes morales. La distinta rentabilidad social de una y otra estrategia deja poco margen para la especulación. ¿Cómo puede afectar el paradigma de la transparencia al secreto del voto? Deben saber que el único secreto absoluto que contempla el ordenamiento legal occidental es el secreto del voto. El valor del voto debe permanecer oculto de manera absoluta. Pues bien, mi predicción es que el paradigma de la transparencia también amenaza la consistencia de dicho secreto. La transparencia nos obliga a reorientar nuestra estrategia moral y jurídica hacia la libertad. Votar con protección legal y ambiental suficiente debiera ser sinónimo de transparencia y de celebración de la Libertad. Nadie debiera sentirse ofendido ni amenazado por emitir un voto con libertad y transparencia. Sé muy bien que el voto necesitamos que siga siendo secreto en tanto el paradigma de la transparencia, que es el de la Libertad, se abre camino. Lo único cierto es que nadie puede esconderse en el azul del cielo. El voto secreto, no lo ponga en duda, es una conquista temporal de nuestra civilización. Avanzamos hacia la Libertad.