HISTORIAS DEL REINO
El final de los topillos
VIVIMOS TIEMPOS de cambio consejeril, secretaril y director-generalil. Mientras algunos esperaban el sillón y han de conformarse con lo que tienen, algunas saltan de casilla a casilla por el tablero y tiro porque me toca, que para eso la capacidad de gestión vale para un roto, para un descosido, para un estudio de alfalfa o para una policromía tardogótica. La polifacética Silvia Clemente deja asiento en Cultura y pasa a Agricultura. Qué lástima, hija, ahora que tenías tan mono el despacho en tonos azul cielo, con pinturas de mano segoviana en las paredes y un par de escuálidos libros en las estanterías, hala, pa¿l campo, a pastorear rebaños, recolectar berzas y coordinar a los chamanes de la lluvia para que no falte el agua. Te echaremos de menos, Marisilvi, porque sin ti en los empeños culturales, las gárgolas nos irán a la huelga y el románico, ese tipo zafio y burro de maneras, coqueteará con la señorita gótica. Te aguarda dura tarea en Agricultura. Que si la cuota láctea, que si las directrices europeas sobre las vides, que si el asunto de los topillos. Especialmente por su inmediatez te encuentras el de esos malditos roedores que comenzaron arrasando con sus hordas la Tierra de Campos, hicieron estragos en los cultivos de secano y ahora apetecen los de regadío, especialmente los de remolacha, patata y maíz. Los mismos que, corpore non sepulto, flotan en las acequias y surfean en las aguas de canales y ríos, contaminándolos. Problemas de bicherío en Zamora, Ávila, Valladolid, Salamanca, Burgos, Soria, Palencia y, cómo no, León. Mucho dinero en juego, cosechas, futuro, gastos. A estas alturas, según algunas fuentes, hablamos de millones de euros en pérdidas, con parcelas afectadas al 100%, incluso. Pero la mayor dificultad radica en cómo exterminar a los animalejos, con una explosión demográfica similar al boom de la natalidad de los sesenta pero en peludo, pues una pareja de topillos, en cuatro años, puede llegar a tener una prole de 2.400.000 hijos. Hasta que el plato comunitario no sea arroz con topillo, o el asado de roedor, la verdad es que la cautela y el raciocinio llevarán a valorar las formas de exterminio masivo sin recurrir al holocausto del fuego o a que estiren las patas con clorofacinona, un veneno peligroso y que altera otros elementos del ecosistema. Parece ser que la mejor solución radica en un raticida llamado bromadiolona. Con un poco de suerte, mientras los roedores se entretienen mordisqueando esta porquería, compete a la nueva consejera afrontar la indemnización de aquellos agricultores más castigados por estos bichos, unas ayudas que, según Asaja, resultan más que insuficientes. Hija mía, dejas atrás capiteles cocosos, difuntos milenarios amojamados, portadas de esculturas desolladas por el tiempo y la erosión, fustes explotados, lápidas hurtadas, y te encuentras en tu nuevo destino a una división de topillos en formación lista para revista. Un consejo: no permitas que con los roedores y el futuro de miles de familias del campo ocurra lo mismo que en la consejería que abandonas después de tu generalato. No inviertas en Brasil lo que necesitan los de esta comunidad para sobrevivir.