Diario de León

TRIBUNA

Salvador Gutiérrez, académico

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ÁREA DE LINGÜÍSTICA GENERAL Y ÁREA DE LENGUA ESPAÑOLA
León

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EL DÍA 5 fue, para todos nosotros, un día extraordinariamente feliz y especial, en el que se dieron la mano la justicia, en primera instancia, y la fortuna, también, capaz de virar, en otros momentos, el recto fluir de los acontecimientos. Salvador Gutiérrez Ordóñez fue elegido, por sobrados méritos propios, miembro de la Real Academia Española. En el año 1983, accedía a la cátedra de Lingüística General de la Universidad de León, tras haber ocupado la plaza de profesor agregado de Lengua Española en la Universidad de Zaragoza. Allí había llegado desde la Universidad de Oviedo, donde se había formado bajo el magisterio del profesor don Emilio Alarcos. En aquel entonces encontró en la sección de Lengua de este Departamento a un grupo constituido por un reducidísimo número de jóvenes profesores no numerarios, alumnos suyos en las aulas de Oviedo, y a un amigo y compañero de siempre que los coordinaba, el añorado Bonifacio Rodríguez Díez, lamentablemente desaparecido. Desde el primer momento, consciente de la necesidad de formar un equipo y de proyectar el Departamento de una Universidad tan joven como la leonesa de aquellos años, se entrega a la gestión universitaria con la misma pasión, entusiasmo y generosidad que dedica a su actividad investigadora y docente, porque estos son rasgos irrenunciables de su personalidad. Así, durante ocho años ejerce las funciones de Decano de la Facultad de Filosofía y Letras; y son diez los que consagra a la Dirección del Departamento de Filología Hispánica. De su paso por ambos cargos ha quedado una huella imborrable. Entre otras cosas, la consecución, para este Departamento y para esta Facultad, de una especialidad, la de Lingüística, de segundo ciclo, impartida entonces solo en la central de Barcelona. Y mucho más, algunos de los profesores de este Departamento estarían dispuestos a reconocer que toda su trayectoria universitaria -hasta la beca, la titularidad o la cátedra, según los casos- tiene una deuda impagable con el esfuerzo, el consejo, el buen hacer y el saber de Salvador. De su febril actividad investigadora son muestra los más de veinte libros y de ochenta artículos publicados sobre diversos campos de la Lingüística -todos y cada uno de ellos ejemplos de un pensamiento original, renovador en el marco del funcionalismo en el que se sitúa-; los múltiples proyectos de investigación a cuya cabeza figura; las numerosas tesis de doctorado dirigidas. De su vocación emprendedora, por la que en reiteradas ocasiones nos hemos visto superados, dan cuenta los numerosos cursos y congresos que ha organizado tanto dentro como fuera de nuestra Universidad, con la intención no solo de difundir los progresos del conocimiento, sino también de extender el nombre de nuestra Universidad. De su calidad docente se han beneficiado generaciones y generaciones de estudiantes en todos aquellos centros en los que ha impartido, con carácter más o menos temporal, sus lecciones. Y opinión generalizada ha sido siempre, entre ellos, entre todos nosotros, la facilidad con la que genialidad, claridad y sencillez se conjugan en sus clases. Pero, con ser tantos y tan excelentes sus méritos profesionales, su calidad humana está, incluso, por encima de ellos. Quienes hemos tenido ocasión de tratarlo, sabemos que así es, sin duda. El maestro riguroso es el amigo paciente, tolerante -a veces demasiado- y comprensivo. Para el Departamento de Filología Hispánica, para la Facultad de Filosofía y Letras, para la Universidad de León y para toda la sociedad leonesa ha sido, es y será un auténtico privilegio contar con la figura de Salvador Gutiérrez Ordóñez. Y, por eso, es, en estos días, un placer poder darles la más efusiva enhorabuena y, al tiempo, expresarles todo nuestro agradecimiento a él y a Ana, esa «presencia incomparable» que lo ha acompañado a lo largo de todos estos años. De sabios es rectificar. La Academia, esta vez, ha acertado.

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