Publicado por
VENTURA PÉREZ
León

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VIVIMOS en un mundo acelerado. Un mundo en que el ayer es ayer y poco tiene que ver con el hoy. La revolución tecnológica tiene como una de sus características la de la imprevisibilidad. De ahí que los grandes predictores de la ciencia no siempre acierten sobre cuales van a ser los inventos masivos que se van a hacer indispensables .Tampoco los sociólogos suelen acertar con los acontecimientos sociales. Hasta hace bien poco tiempo se pasaba de la sujeción del trabajo-maldición bíblica- a la muerte casi sin espacio de tiempo intermedio. La jubilación era el anuncio del fin. Hoy no, la jubilación y no digamos ya la prejubilación están cada día mas distantes del momento del fallecimiento. La esperanza de vida camina, aumentando, de forma imparable y además con un alto nivel de buena salud y de posibilidad de vida activa. La distancia entre la edad de la jubilación media y el fallecimiento ronda los 20 años lo que implica un importante cambio sociológico al aparecer un segmento de edad para el que no están previstas sus actividades mas allá de las de índole negativo que suponen no trabajar asalariadamente. La sociedad no contaba con ello y no esta preparada para hacerle frente; las personas individuales tampoco y por lo general no nos hemos preparado para ese tiempo tan importante. Hay guarderías, escuelas, centros de deportes, universidades, discotecas... para los jóvenes. Hay centros de trabajo, de ocio, de cultura... para los hombres y mujeres en activo. Pero para los jubilados, poco. Unas ciudades no pensadas para ellos en las que su desgana y a veces su depresión, se exterioriza por algunos como capataces de obras virtuales, agarrados a las vallas. Les espera un cambio brusco en su posición social y en los emolumentos que perciben. Les espera un deambular por unas calles despersonalizadas y asirse a pasar la tarde en locales para la tercera edad abarrotados y poco imaginativos, cuando no tediosamente delante del televisor. Se podría decir que el tiempo de la jubilación no se plantea como un colofón digno a la vida sino como una espera a que llegue lo inevitable. No quiero decir que no se hagan cosas para los jubilados, un buen ejemplo son la magnífica política de viajes; pero en importante medida se carece,colectiva e individualmente, de apoyos , quehaceres , metas, ilusiones. Hay que aspirar, en esos tiempos en que las obligaciones decaen, a sacar jugo a la vida y aprovechándonos de una buena salud lograr que la misma sea de aceptable calidad. Al conjunto de los jubilados les ha llegado la hora de recibir después de un tiempo de aportar.Y no hay que olvidar que la tercera edad joven o la joven tercera edad necesita también de guarderías pues está empezando a vivir.

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